¡Cállate que me desespeeeeras!

Política

*El discurso del presidente Néstor Kirchner en la apertura de las sesiones ordinarias en el Congreso duró casi dos horas y media.
*La pregunta es: ¿puede alguien prestar atención a otro durante tanto tiempo?
*minutouno.com conversó con diferentes especialistas y te lo responde.

Manejabas, el agua que caía sobre el parabrisas no te dejaba ver nada, el viaje que habitualmente te lleva diez minutos, no bajaba de una hora por las calles anegadas y para colmo tu programa de radio se interrumpía por culpa de una Cadena Nacional que duró: ¡¡¡Casi tres horas!!!

No te preocupes, no te pasó a vos solo. La escena se repetía en casas, bares, oficinas, en fin… un embole. Aquel grito histriónico que inmortalizó el personaje de Chespirito parecía una súplica que todos queríamos realizar.

Kirchner hablaba de los “éxitos” de su gestión mientras en el resto del Congreso los bostezos se entrecruzaban. Pero ¿hasta qué punto ese tipo de gestos o ademanes de cansancio se pueden vincular a una falta de respeto hacia el orador en un discurso de casi tres horas?


   “Desde el punto de vista del que escucha es muy importante el fenómeno de la motivación, por que la atención es selectiva”.
 

Naturalmente la mente humana pierde concentración, la capacidad de retener información va disminuyendo. Lo ideal para la capacidad de entendimiento del ser humano es que un discurso no pase los 45 minutos. Si es muy largo, hay que dividirlo en dos partes, pero no debe pasar las dos horas”, justifica Guillermo García Arias, director de la Escuela Argentina de Couseling Holos, que brinda ayuda psicológica a las personas desde la oratoria.

El psicólogo Martín Sandoval también coincidió en que la capacidad para prestar atención de una persona es de no más de 45 minutos. En su diálogo con minutouno.com, Sandoval, resaltó además otras cuestiones que inciden a la hora de atender un discurso de un tercero: “Desde el punto de vista del que escucha es muy importante el fenómeno de la motivación, porque la atención es selectiva”.

Pero este especialista agrega un concepto que denomina “Atención Focal”, que es fundamental para que las palabras "nos atrapen”. “Para que haya atención focal es necesario que exista interés por parte de quien escucha algo y ahí es muy importante el fenómeno de la motivación”, agrega.

Entonces nos va quedando claro que si ayer quisiste escuchar al Presidente y luego de la media hora –o, entre nosotros, tal vez menos- no soportabas más, no tiene que ver sólo con tu falta de motivación, sino con que tu capacidad de entendimiento ya estaba saturada.

Uno empieza a dispersar su mente, las ideas se tuercen, parte del mensaje se va perdiendo”, puntualiza el profesor Arias. "Es como esos chicos que están el colegio y que quieren aprender, pero después de cierto punto ya no pueden dejar de distraerse”, completa Sandoval.

Por último, qué pasa con aquellos que compartían el recinto con Néstor Kirchner. “Nuestra clase política debe prestar atención a lo que dice el Presidente. Si no, es una falta de respeto”, sentencia Martín Sandoval.


 


   “Uno empieza a dispersar su mente, las ideas se tuercen, parte del mensaje se va perdiendo”, puntualiza el profesor Arias 

Tanto duró el discurso de Néstor Kirchner que todavía hoy pareciera que sentimos el eco de sus palabras, aunque claro está que sólo pudimos procesar una media hora, durante el resto sólo pedíamos que finalizara porque ¡¡nos desesperaba!!!

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