Destino de excluidos: historia de los vicepresidentes argentinos

Política

* Cobos, Scioli, Alvarez, Ruckauf, Duhalde… sinónimos de un puesto con mucho nombre y pocas nueces.

Semiderrotado por una convocatoria poco feliz antes de empezar la reunión, el vicepresidente Julio César Cobos encabezó hoy el controvertido encuentro con gobernadores de provincias productoras de soja a la que convocó la semana pasada, para disgusto de la presidenta Cristina Fernandez.

Desdibujado casi desde el inicio de su gestión, el rol de Cobos no hace más que corroborar que, al menos en nuestro país, ser vicepresidente es un rol más bien decorativo y casi de protocolo, con escasas excepciones reflejadas en aislados encontronazos con sus jefes directos: los presidentes.

A continuación, una breve historia de los destinos de los hombres que pasaron por esta función desde el retorno de la democracia.

Un tema sobre el que el director del Centro de Nueva Mayoría, Rosendo Fraga, opinó: “en estos dos casos de diferencias políticas entre el presidente y el vicepresidente, la crisis se resolvió cuando uno de ellos se impuso sobre el otro. Resulta difícil en un país con cultura presidencialista que el vicepresidente tenga un papel político propio".

Por solo circunscribir la cuestión a la última etapa democrática, ¿quién se acuerda de Víctor Martínez y su rol durante el gobierno de Raúl Alfonsín? Aún en un gobierno en el que la institucionalidad estuvo en riesgo ante los alzamientos carapintadas y la salida anticipada del poder, nunca el nombre de Martínez apareció con peso.

Después fue el turno de Carlos Menem quién no, no tuvo a Domingo Cavallo como vice, sino a Eduardo Duhalde.

Por entonces, el bonaerense, también tuvo un paso formal por la actividad, y recién con su llegada al gobierno de la provincia logró obtener un peso propio que aún hoy mantiene, tras deslealtades, traiciones, cambios constantes de camisetas.

Se trata de una capacidad política licuada por el oportunismo del poder, pero son pocos los políticos que parecen olvidar la bonanza que les tocó en turno mientras Duhalde manejó el principal distrito del país, con el manejo del Fondo de Reparación Histórica del Conurbano incluido, que repartió favores por doquier y en el que muchos memoriosos se apoyan para justificar el desastre posterior de la Nación.

Pero durante su gestión como vice, durante uno de los tantos viajes de Menem al exterior, puso una firma como presidente eventual que aún hoy muchos recuerdan: fue quien le concedió la ciudadanía en tiempo récord a Monzer Al Kassar, acusado en el mundo de tráfico de armas e influencias.

Cuando se fue, enfrentado ahora con políticas del riojano, fue reemplazado, después de nuevas elecciones, por Carlos Ruckauf, un dirigente histórico del peronismo, con un previo paso como funcionario de Interior del gobierno peronista pre-golpe, y defenestrado por organismos de Defensa de los Derechos Humanos por haber firmado una norma que instaba a combatir a la "subversión".

Político habilidoso, también se enemistó con Menem durante su gestión, mientras preparó su desembarco como candidato a la gobernación, a la que finalmente accedió. En el medio, Menem lo trató de “traidor y chupamedias”, palabras que serían una constante en la historia del movimiento en momentos de desencuentros.

Pegado al gobierno de Fernando de la Rúa mientras duró el romance de la población con la Alianza, y después de las zapatillas con su firma, la estatización de las deudas privadas con el Banco Provincia y una sonrisa que comenzaba a desaparecer, Ruckauf bajó el perfil y volvió a ocupar una banca legislativa hasta que se le venció el mandato.

Durante ese gobierno de la Alianza, el vice fue Carlos “Chacho”Alvarez. El hombre proveniente del Frepaso le imprimió un alto perfil a su gestión, al menos en lo declarativo, pero generó, con su renuncia, el gran cimbronazo que culminó con la caída de De la Rúa.

Su decisión de abandonar el gobierno en medio del escándalo de la Banelco tuvo un desenlace tremendo para la Alianza y el país y, tras años de silencio, volvió a coquetear con la política, de la mano de Néstor Kirchner, quien lo colocó como representante del país ante el MERCOSUR, cargo que, otra casualidad, también había ocupado Duhalde.

No vale la pena detenerse en los efimeros vices de las presidencias efímeras de lo peor de la crisis. Y ya con Kirchner y su 22 por ciento en la primera vuelta electoral, Daniel Scioli emergió como un vice con peso propio, tras haber sido Secretario de Turismo y ocupado cargos legislativos.

Temerosos de su perfil propio y por sus vínculos con Menem, Duhalde y hasta Mauricio Macri, Kirchner siempre le tuvo las riendas cortas hasta límites que a muchos les costó entender. Sin embargo, se “guardó” y tuvo su premio: la candidatura a la Provincia, que hoy maneja.

Y con Cristina, llegó la hora de Julio Cobos, un radical mendocino que, tras confesar que debió soportar cuestiones políticas que le eran desaconsejadas, abandonó su perfil bajo y, con una carta pública convocando al diálogo, logró que, para una parte del gobierno, ya fuese demasiado perfil.

Y, tras avalar su llamado, empezaron a llegar las críticas por convocar a los gobernadores a un diálogo que desde la presidencia se cree innecesario y que obligó a los mandatarios del Frente para la Victoria a bajarse del encuentro tras haber confirmado su presencia. Y hoy, finalmente, el jefe de Gabinete de su gobierno, Alberto Fernández, le dedicó: “no entiendo la idea de Cobos”.

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