Milei "Che" Guevara

Política

Con mayor tendencia vemos cada vez cómo los sectores de derecha, aquellos que defienden la ortodoxia económica, la teoría del derrame, la meritocracia y el "sálvese quien pueda", ubican como principal destinatario de sus mensajes a un sector de las juventudes para tentarlos a defender ideas vetustas disfrazadas de progresismo mediante la interacción que posibilitan las redes sociales.

Se puede apreciar este nuevo fenómeno con solo zambullirse brevemente por el ciberespacio y ver no solo la cantidad de seguidores, like y retuits que tiene un personaje como Javier Milei, sino también, analizando semánticamente las estructuras de sus nuevas narrativas para evidenciar su único objetivo: hablarle a las juventudes.

Al parecer comienza a evidenciarse una contradicción ideológica porque ahora las juventudes ven en esa radicalización de las derechas la anticorrección política y la disrupción que históricamente caracterizó a las izquierdas. Todo lo contrario a aquella frase que se le atribuye al político británico, Winston Churchill que sostenía que “Quien de chico no fue de izquierda no tuvo corazón, y quien de grande no es de derecha no tiene cerebro”. Claro, es que siempre se vinculó a la izquierda con la lucha por la utopía y la rebeldía que representa la juventud mientras que la derecha se ubicó en todo su opuesto.

Cuestiones espaciales de izquierda y derecha que no son al azar, sino que se remontan a la Revolución Francesa, cuando los Jacobinos, el sector con un posicionamiento más radical y que buscaba poner fin a la monarquía, se sentó a la izquierda del Parlamento en la Asamblea Nacional; mientras que los Girondinos, representantes de la pequeña burguesía ilustrada y del sector más moderado de la revolución, se ubicó a la derecha.

Hoy al parecer esas posiciones espaciales comienzan, sutilmente, a enrocarse. Es que claramente nos encontramos frente a un nuevo fenómeno social, propio de una minoría intensa porque solo es un pequeño sector de las juventudes que considera que ser disruptivo es ser de derecha pero que, sin embargo, nos obliga a analizarlo ya que nos encontraríamos en un gran error si optamos por subestimarlo, por más marginal que parezca.

El síntoma está a la vista, los líderes de estas nuevas derechas radicalizadas lejos se encuentran de encarnar las figuras totalitarias que nos recuerdan los regímenes de Adolf Hitler y Benito Mussolini. Los actuales referentes no tienen ni el carisma, ni la fuerza, ni la retórica de aquellos personajes de antaño, no proponen movimientos de masas para encuadrar a toda la sociedad, no son nacionalistas ni tampoco tienen los característicos símbolos de odio que les servía para expresar su visión racista del mundo; pero si comparten un elemento similar, el uso de los grandes medios de difusión, gracias al advenimiento de las nuevas redes sociales.

Estamos, como sostiene Steven Forti (2020) frente a una nueva derecha 2.0 que utiliza el lenguaje y un estilo populista, que se ha transformado sustituyendo la temática racial por la batalla cultural y ha adoptado unos rasgos provocadores y antisistema gracias a la capacidad de modular la propaganda a través de las nuevas tecnologías.

A esto debemos sumarle el acercamiento a nivel mundial por parte de los sectores más reaccionarios a las problemáticas de las comunidades LGBT, la legalización del aborto, la nueva mirada sobre la ideología de género, la lucha a favor del medio ambiente hasta la rebeldía de rechazar el orden impuesto de las cosas. Todo esto construye un combo de propuestas que tienta a cualquiera.

De esta forma, tal como nos dice Pablo Stefanoni(2021) “la transgresión cambia de bando, es la derecha la que plantea las cosas `como son´, en nombre de las mayorías mientras que la izquierda se convierte en la expresión del establishment y del statuo quo”. La derecha sería entonces la que propone la revolución, la incorrección y la que se erige en la artífice de un nuevo Mayo Francés,mientras que la izquierda sería aquella que defiende los privilegios, lo políticamente correcto con un matiz bastante conservador.

Más allá de lo que representan o no estas ideologías, lo que si debemos hacer es una mea culpa, reconocer que la izquierda ya no es lo que era, que ha perdido esa capacidad de soñar en los términos utópicos que siempre la caracterizó y ha cometido un error garrafal: la de dejar de hablarle a las juventudes. Ha dejado de preocuparse por sus problemáticas y no se ha aggiornado a las nuevas tecnologías y a las formas de comunicación del siglo XXI, como si lo ha hecho la derecha.

Este es el panorama de un escenario que requiere la conquista de estos sectores jóvenes porque están siendo enamorados paulatinamente por una derecha 2.0 cuya naturaleza es tan retrógrada como siempre y que en términos económicos solo busca seguir concentrando el dinero en pocas manos.

En un país como el nuestro, donde en líneas generales la izquierda nunca estuvo demasiado cerca de la opinión popular e incluso jugó muy del lado conservador de la vida como lo hizo después del 17 de octubre y más recientemente con la 125, le toca al peronismo volver a enamorar a esas juventudes, así como lo hizo Néstor con un discurso sincero frente a la peor crisis que habíamos tenido hasta ese entonces, como fue la del 2001. Con una invitación a un sueño, a construir un presente y un futuro para todos y todas.

Hoy otra vez, frente a una crisis consecuencia de una pandemia mundial sin precedentes, que está provocando estragos en el mundo, hay que volver a enamorar, a sincerar la compleja realidad social que afecta esencialmente a nuestros jóvenes y, sobre todo, a transitar el desafío de que sean parte de una Argentina donde puedan desarrollar sus sueños, donde puedan amar y ser amados, donde tengan condiciones de vida digna y donde puedan ser aquello que se propongan. Y eso no sucede si el Estado no es el garante de igualar las condiciones. Hacer realidad lo que dice nuestro presidente Alberto Fernández, primero los de abajo.

Hay que incluir a les jóvenes en un proyecto de país, y evitemos que sean los sectores más reaccionarios aquellos que los involucren en un proyecto que es de pocos y para pocos.

Pero ojo, estemos atentos.

*Es Magíster en Políticas Sociales.

**Es Magíster en Comunicación.

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