Patti: un currículum cargado de violencia

Política

*Sobre el ex policía pesan graves violaciones a los derechos humanos, entre otras acusaciones.
*Lo último: el Gobierno lo señala como sospechoso de estar detrás del secuestro de Luis Gerez.

El Centro de Estudios Legales y Sociales (Cels) caracteriza al ex subcomisario Luis Abelardo Patti como “policía, asesino, torturador, experto en picana, intendente y candidato a Gobernador bonaerense”.

A lo que se debe añadir: fallido diputado nacional a partir de que la Cámara de Diputados le impidió jurar como tal a raíz de sus antecedentes como violador de los derechos humanos y por hacer apología de la tortura.

El último eslabón de la extensa cadena de hechos irregulares que signan su biografía le fue agregado cuando 2006 expiraba: el Gobierno lo encuentra vinculado directa o indirectamente del secuestro del albañil Luis Gerez, testigo que sumó elementos para que la Cámara de Diputados le impidiera el ingreso al Congreso.

Patti nació el 26 de noviembre de 1952, en Baigorrita, General Viamonte, provincia de Buenos Aires. Hijo de Leonardo Patti y Manuela Pressi, el ex subcomisario de la Policía bonaerense se casó el 7 de Marzo de 1975 con Beatriz Isabelina Malagrida, con quien tuvo tres hijos.

Apenas con estudios hasta sexto grado de la escuela primaria, Patti está incluido en el legajo de la Comisión Nacional de Desaparición de Personas (Conadep) con el número 2530.

Egresó de la escuela policial Juan Vucetich el 1 de marzo de 1970. Y para el 30 de diciembre de 1971 se convirtió en oficial subayudante segundo en Escobar. Durante la dictadura, Patti trabajó ya como oficial inspector, en Tigre, San Martín y Quilmes, San Isidro y La Matanza. En 1988 ascendió a subcomisario.

Patti poseía en 1990 dos panaderías con horno, un impecable BMW blanco, un Rolex de oro, un carácter taciturno y una reputación de hombre duro cimentada, sobre todo, desde su participación en el secuestro y asesinato de los dirigentes peronistas Eduardo Pereyra Rossi y Osvaldo Cambiasso, en 1983.

El 8 de enero de 1990, el gobierno de Carlos Menem le encargó investigar el crimen de María Soledad Morales, un hecho que había conmocionado el país, con resultados nulos. El 30 de diciembre de 1992 fue ascendido a comisario. Y el 1 de abril de 1993 pasó a inactividad y se lo autorizó a retirarse del servicio por el tiempo que demandara la aceptación de la renuncia al cargo sin goce de sueldo.

El comportamiento nada ejemplar de este policía ya estaba presente en la década de los ’70. El 15 de abril de 1975, una resolución de la Jefatura policial lo declaró exento de sanciones en el sumario instruido por “atentado, resistencia a la autoridad y cuádruple homicidio en riña”.

El 30 de marzo de 1977, ya en plena dictadura, quedó exento de sanción en el sumario por “tentativa de robo, atentado, resistencia a la autoridad, abuso de armas y homicidio en riña”. El 22 de abril de 1981 quedó sin sanción otro sumario iniciado por “atentado, resistencia a la autoridad y doble homicidio en riña”.

El 7 de septiembre de 1988 se le inició un nuevo sumario por “tentativa de robo, atentado y resistencia a la autoridad, lesiones graves en riña, privación ilegitima de la libertad y robo de automotor calificado”. Todos los sumarios quedan en la nada porque las propias autoridades policiales consideraron que no había violados las normas vigentes.

Patti, ya metido en la carrera política, se desvinculó de las filas policiales en diciembre de 1995 para asumir su cargo como intendente de Escobar.

Un informe del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) y de Americas Watch, de fines de 1991, sobre violencia policial en Argentina indica que el silencio de la sociedad contribuye a la práctica violenta y al sistema de impunidad. Allí aparece como figura paradigmática la del ex subcomisario Patti.

También se hace referencia a la causa por apremios ilegales en Pilar, abierta contra Patti en 1990. Ese año, el juez de San Isidro Raúl Alberto Borrino dispuso su arresto el 2 de octubre por apremios ilegales contra dos hombres acusados de robo. “Patti condujo torpemente la investigación. No obstante éste sigue siendo el ejemplo más notorio de la forma en que el sistema no sólo brinda impunidad sino que, de hecho, recompensa la violencia”, concluye el informe.

A principios de 1991, la Revista Gente organizó, como es costumbre, su número aniversario con los personajes del año. Modelos, políticos y boxeadores aceptaron mostrarse junto al subcomisario “amigo de la picana ”. Detrás de él, en cuatro fotos y siempre sonriente posó el cómico Antonio Gasalla. Sólo el escritor Osvaldo Soriano, Charly García y la monja Martha Pelloni se negaron a formar parte de aquella tapa plagada de ricos y famosos.

Patti además había sido procesado por su participación en el secuestro y asesinato de los dirigentes montoneros Pereyra Rossi y Cambiasso en 1983 (junto a sus secuaces Rodolfo Diéguez y Juan Amadeo Spataro, miembros como él del Comando Radioeléctrico de Tigre) en esa causa e incluso llegó a admitir que había sido el autor de los disparos mortales, pero fue insólitamente sobreseído por “falta de pruebas concluyentes”.

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