"Nosotros contra ellos", el libro que explica cómo funciona la polarización en las redes sociales
Lo están leyendo y recomendando varios de los analistas políticos más influyentes de nuestro país. Minutouno.com dialogó en exclusiva con Natalia Aruguete -coautora del libro junto con Ernesto Calvo- para entender más sobre el fenómeno y la incidencia de las pantallas en la campaña electoral.

¿Cómo repercute el estado de ánimo y los preconceptos sobre una persona, un medio de comunicación o un tema a la hora de interpretar un mensaje que circula en las redes? ¿Cómo influye el modo en que ese mensaje está escrito y presentado para incentivar el enojo o la calma? ¿Qué sucede cuando alguien nos dice que tenemos razón o, por el contrario, refuta nuestras creencias? Estas son algunas de las preguntas que propone y resuelve el libro "Nosotros contra ellos. Cómo trabajan las redes para confirmar nuestras creencias y rechazar las de los otros" de los expertos en medios Ernesto Calvo y Natalia Aruguete, recientemente editado por Editorial Siglo XXI, tras la exitosa recepción de su publicación anterior Fake news, trolls y otros encantos en 2020.
Su nueva investigación se basa en experimentos sobre el uso de redes sociales, realizados en la Argentina, Brasil, Chile, Colombia, los Estados Unidos y México. Algunos analistas políticos como Juan Courel, quien fuera asesor de campaña en 2015 y 2019, la recomendó en varias entrevistas porque sostiene que es una herramienta útil para direccionar mejor las estrategias de comunicación electoral de los distintos espacios.
Aquí dialogamos con Natalia Aruguete, una de sus autoras, para que nos explique cómo funciona ese “laboratorio social” del que todos participamos cuando compartimos nuestras impresiones y preferencias políticas a través de los celulares y las pantallas.
¿Qué es y cómo funciona la polarización en redes sociales? Ustedes sostienen que allí el espacio político “se intensifica”, “se infla”, y como consecuencia desaparecen las expresiones de “centro” y los grises. ¿Por qué hablan de una “distancia afectiva” en los mensajes que circulan en redes?
- Es importante entender que en nuestra comprensión del mundo en general y en nuestra interpretación de los eventos políticos en particular, no solo se juega nuestra dimensión racional sino nuestras emociones. Los discursos políticos, los mensajes mediáticos, la interacción con otros en el espacio offline como en el online nos interpelan afectivamente. Nuestras interacciones virtuales están atravesadas, en gran parte, por las emociones que nos despiertan los discursos. Los políticos y las políticas nos enfurecen, odiamos sentir que nos mienten, los medios son “hostiles” porque juegan para el enemigo, las redes están llenas de odiadores que lo único que buscan es embarrar la escena de debate y nos exaspera ser testigos de esa violencia simbólica. Estas pasiones pueden jugar a favor del involucramiento político o socavar nuestra participación y devenir en una creciente desafección política. En este libro, definimos la polarización como la distancia percibida entre nuestra posición frente al mundo y el lugar en el que observamos y ubicamos al otro. Esa distancia es en gran medida afectiva. Cuando el lugar que ocupa la política, así como las pasiones que explican nuestro comportamiento político, tienen un lugar cada vez más expandido, aumenta la distancia que nos separa de los otros: Corea del centro, ese espacio donde parecía posible dialogar e intercambiar idas diversas, se vuelve finito o directamente se disuelve.
Tras muchos análisis y estudios arribaron a una conclusión muy potente: la actitud preponderante en las redes nos hace preferir las confirmaciones sobre lo que pensamos y rechazamos las refutaciones. Es decir, nos resistimos a difundir contenidos que van en contra de lo que creemos. ¿Vivimos en una sociedad de la afirmación y del eco de nosotros mismos?
- No se trata de decir tan taxativamente que vivimos en una sociedad de la afirmación ni estamos inmersos en ecos que nos impiden conectar con otros. Se trata de entender que los discursos no solo tienen un sustrato literal o meramente argumentativo. Sino que el plano del discurso convive con una dimensión expresiva. El receptor/interlocutor de esos mensajes que circulan no solo entiende una afirmación o refutación, sino que, en esa relación con el enunciador, también son interpelados por daño o el premio que ese argumento les significa. Cuando nuestras preferencias son confirmadas sentimos entusiasmo, queremos compartir con otros aquello que nos confirma. Cuando, en cambio, desafían nuestra posición inicial, tenemos más incentivos a defender esas convicciones. Quienes están más involucrados ideológicamente y son más extremos en sus convicciones es probable que defiendan esas creencias con mayor vehemencia.
Si la preferencia en las interacciones es la búsqueda de aprobación de los demás, conseguir “likes” y gustar, ¿por qué surgen allí y se expanden con tanta intensidad los “haters” y los discursos de odio?
- No estoy tan segura de que gustar a otros dependa sólo de ofrecerles bondades o argumentos “lindos”. Podemos generar mucho engagement y hermandad con otros que comparten valores y entusiasmarlos desde la identificación con la bronca y la ira. Los discursos de odio, además de lastimar al otro, buscan activar a la tropa propia para que se sume al bullying. El entusiasmo para involucrarse en la conversación en redes sociales se conecta con la alegría y también con la bronca. Las pasiones son centrales para las identidades políticas y la ira es un componente muy significativo en nuestro comportamiento político.
¿Crees que a nivel electoral también nos espera un escenario polarizado? ¿Un balotaje Milei-Massa sería congruente con las investigaciones que están por detrás del libro que acaban de editar?
- Las PASO y el tipo de campaña que se estructuró a partir de sus resultados pusieron de manifiesto la polarización política y afectiva de la sociedad argentina, así como de nuestro sistema político. Que tres partidos hayan alcanzado porcentajes similares no es indicativo de que estemos despolarizados. Las ofertas hoy son de derecha (con una coalición cada vez menos de centro derecha en su afán por asimilar su agenda de propuestas a las de Javier Milei) y de centro (menos de centro-izquierda que antes, incluso). En parte, porque la agenda de la política oficial es propiamente de derecha y, entonces, los márgenes para propuestas de izquierda se van achicando. Todos y todas, de a poco, se van o nos vamos corriendo –algunos con entusiasmo, otros por conformismo– un poquito más hacia la derecha.
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