¿Qué negocia Rafael Di Zeo para entregarse a la Justicia?
*La trama entre barrabravas, políticos, dirigentes y la Justicia ahora tiene un nuevo capítulo con la posible detención del máximo referente de la hinchada de Boca.
*¿Qué tiene para decir Di Zeo que preocupa tanto? ¿A quién puede inculpar? ¿Qué está tramando el barra brava más conocido de la Argentina?
El exceso de soberbia le jugó una mala pasada al líder de la barra brava boquense, Rafael Di Zeo, y por ende a sus compañeros de ruta.
El Sub Jefe de La 12, Fabian Adolfo “Topadora” Kruger – un próspero empresario vinculado a la industria inmobiliaria merced al rol de comprador que ejerce en la Liga de Rematadores -, le venía sugiriendo desde hace tiempo al “Rafa" que bajara un poco su nivel de exposición pública y que no hiciera alusión a eso de tener los celulares del poder y esas demostraciones de exhuberancia que más que ayudar, perjudican a los involucrados en hechos delictivos a la hora de pronunciarse la Justicia sobre sus casos.
Lo que Rafael Di Zeo negocia a través de sus abogados y otros interlocutores
es cierto nivel de información que a las autoridades judiciales y políticas les pueda servir en su cruzada.
En definitiva, las causas que se amontonan sobre Di Zeo y su gente no son tantas ni tan graves (no hay muertes en danza, aunque sí violencia) como para que la barrabrava boquense se mantenga fuera de ley tanto tiempo y así agrave su condición por el simple hecho de estar prófugos.
Estos últimos días, lo que Rafael Di Zeo negocia a través de sus abogados y otros interlocutores (entre ellos, alguna segunda línea de directivos de Boca Juniors), es cierto nivel de información que a las autoridades judiciales y políticas, que intentan erradicar la violencia del fútbol, les pueda servir en su cruzada.
Los barrasbravas en los últimos diez años han sido utilizados por dirigentes políticos de todos los rangos, tanto para arrear tropa a movilizaciones partidarias como para actuar como fuerzas de choque en conflictos de diversa índole.
Y la gente que ingresó en ese negocio violento también se cobró lo suyo en especias varias. Por caso: Hace unos años, Boca Juniors estaba por comprar a un juvenil goleador de Estudiantes de la Plata –el Tecla Farias-, pero por un acuerdo de Rafael Di Zeo con el representante de otro jugador la adquisición del club de la ribera fue el temperamental Raúl Cascini y no el goleador pincharrata.
Que Di Zeo le haya torcido el brazo a Mauricio Macri en aquella ocasión demuestra que la devolución de favores en el fútbol se paga con creces. Obvio que del 15 por ciento que le correspondía a Cascini por su pase una jugosa porción quedó en los bolsillos de La Doce, y por eso la hinchada se ocupó de aplaudirlo a rabiar y a pedirlo a gritos en el equipo le gustara o no a los técnicos del club o al propio presidente.
Los negocios en el fútbol son muchos más que este simple ejemplo, y los jefes de la barra boquense lo conocen a la perfección. Pero entregar información a cambio de protección carcelaria tiene sus riesgos.
Primero que todo: Un barra brava no tiene trato preferencial en una cárcel por parte de los demás presos, sino todo lo contrario. Le ocurrió en su momento al anterior jefe de La Doce, José “El Abuelo” Barrita, quien a cambio de entregar información a la Justicia después del asesinato de dos hinchas de River Plate a la salida de la bombonera el 30 de abril de 1994, permaneció prácticamente aislado en el penal de Villa Devoto por miedo a una represalia que le costara la vida.
El resto de los compañeros de El Abuelo tuvieron que ganarse el respeto de los demás presos a fuerza de contiendas personales en las que no siempre la sacaron barata. Algunos de ellos murieron después – como el caso de “el bolita” Niponi, ex lugarteniente de Barrita - víctimas de enfermedades propias del encierro carcelario.
Pero tampoco a todo el mundo le conviene que Di Zeo cuente toda la verdad del dinero que se genera a partir de la violencia en el fútbol y de la relación entre el poder político y las hinchadas de fútbol.
Es que además de lo que ocurre en Boca Juniors, “El rafa” conoce lo que sucede en otros clubes (River o Racing, por ejemplo), y si hablara en profundidad de ello incomodaría mas de la cuenta a dirigentes políticos mas que a deportivos.
Y al final de cuentas, la seguridad definitiva dentro o fuera de la cárcel nadie la tiene asegurada en un país como la Argentina.
En las secretarias judiciales donde hay causas sustanciadas contra los barras de Boca Juniors, los abogados de éstos han distribuido a rabiar entradas de favor durante todos estos años que estuvieron las causas en trámite. En esos lugares, al Rafa Di Zeo y compañía los empleados lo aman, sean o no boquenses.
Pero los jueces y otros interesados en erradicar la violencia en el fútbol sabe que este tipo de acuerdos no se realizan con ofertas de entradas de favor.
Nadie conoce en profundidad qué información brindará Di Zeo para tener una estadía carcelaria lo menos riesgosa posible. Pero muchos tiemblan por sus posibles dichos. Y tienen razón en temerle.
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