1957: enterraron un auto como cápsula del tiempo y se sorprendieron al abrirlo 50 años después

Sociedad

Con pocos kilómetros recorridos, el vehículos fue enterrado hace 50 años con nafta por si lo volvían a necesitar. Conocé los detalles.

En 1957, en el marco de las celebraciones por los 50 años de la creación del estado de Oklahoma, la ciudad de Tulsa buscó inmortalizar el acontecimiento con una propuesta tan llamativa como insólita. La idea elegida consistió en sepultar un Plymouth Belvedere cero kilómetro, de color dorado y blanco, con la firme intención de desenterrarlo medio siglo después. Presentado como una auténtica cápsula del tiempo para la posteridad, el vehículo fue depositado en una bóveda de hormigón debajo de los terrenos del palacio de justicia del condado.

Dentro de la estructura no solo se ubicó el rodado, sino también una serie de elementos representativos de la cultura estadounidense de los años cincuenta, tales como fotografías, documentos, publicaciones y monedas. Incluso se tomó la precaución de almacenar combustible en el baúl para que, al llegar al año 2007, pudiera ponerse en marcha nuevamente sin inconvenientes.

La iniciativa estuvo acompañada por una particular competencia para los habitantes locales: adivinar cuál sería la cantidad exacta de pobladores de la ciudad tras cinco décadas. Quien más se aproximara al número real se adjudicaría la propiedad del coche, sumado a un premio de 100 dólares.

Con una marca de 384.743 habitantes, la estimación de Raymond Humbertson resultó la ganadora, quedando extremadamente cerca de la cifra oficial proyectada en 382.457 personas. Sin embargo, el concursante falleció en 1979, por lo que el singular galardón pasó directamente a manos de sus herederos. La firma Plymouth, un sello emblemático creado por Chrysler en 1928 que discontinuó sus actividades en 2001, tuvo en el modelo Belvedere —lanzado en 1954 y comercializado en los Estados Unidos hasta 1970— uno de sus grandes referentes históricos.

Llegado el 14 de junio de 2007, durante los festejos por el centenario de Tulsa, se procedió a la esperada apertura de la estructura subterránea. La expectativa de miles de curiosos e historiadores era enorme, confiando en hallar una joya automotriz en impecable estado de conservación.

Sin embargo, el escenario al retirar las protecciones resultó desalentador. La humedad y el paso del tiempo vulneraron la preparación de la bóveda, provocando una severa filtración de agua y barro que destruyó el habitáculo y cubrió la carrocería de una profunda capa de óxido. El deterioro general impidió que el motor pudiera encenderse como se planeó en un principio.

Bautizado humorísticamente como “Miss Belvedere” por los propios organizadores, el coche conservó apenas destellos de brillo en algunas de sus molduras de cromo. En contraste, la cápsula independiente que albergaba los documentos, publicaciones y monedas logró mantenerse indemne, resguardando fielmente la memoria de la sociedad de la época.

La compañía Ultra One destinó importantes recursos económicos y años de trabajo para frenar el avance de la corrosión y estabilizar la unidad. Aunque la restauración integral resultó imposible por los daños estructurales, la reliquia encontró su destino definitivo. Tras anunciarse su recepción en 2015, el vehículo fue trasladado en 2017 al Historic Auto Attractions Museum de Roscoe, ubicado en Illinois, donde hoy permanece exhibido como testimonio de un experimento fascinante que sucumbió ante la fuerza de la naturaleza.

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