El crimen que quisieron tapar

Sociedad

¿Es posible que un hombre mate a su madre? Sí, es posible. ¿Es posible que ese mismo hombre, además de matar, abuse de su madre? Sí es posible.

Eso es lo que creen al menos cinco funcionarios judiciales en el caso que tiene preso al somellier Luciano Sosto por el crimen de su madre Estela Garcilazo.
Al asesinato lo quisieron tapar. Hicieron todo lo posible porque no se conozca. Pero desde el 27 de diciembre del año pasado, Sosto, de 36 años, está detenido por matricidio.
Lo indagaron cuatro veces. Para el juez, se cansó de mentir. A medida que las pruebas recaían en su contra, acomodaba nuevas declaraciones.
Primero trató de decir que su madre se había muerto en un accidente doméstico. Cuando no pudo sostenerlo más, porque la autopsia, era demoledora, culpó a otros del crimen, incluso a uno de sus novios.
Cuando la fiscal, le imputó además el abuso sexual, se defendió con el argumento de que era gay, que las mujeres no le gustaban, y que menos le gustaba su madre.
El padre de Luciano, Carlos Sosto, dueño del restaurante Guidos, dijo que no hará declaraciones del caso, y que está devastado por la muerte de su mujer y porque su hijo está preso por el asesinato.
Así las cosas, el juez y la Cámara del Crimen creen que Sosto entró al departamento de su madre para robar dinero con el propósito de comprar cocaína, porque era adicto.
Como en el caso Carrascosa, la familia defiende al acusado. Como el caso Schocklender, la acusación es de la más graves: un hombre acusado de matar a su mamá va a juicio. Lo espera, la libertad por falta de pruebas, o una perpetua sin atenuantes.

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