Argentina post cacerolazos: ¿qué fue del Club del Trueque?

Sociedad


  • Exponentes de la crisis del 2001 ya quedan pocos nodos para trocar. minutouno.com habló con sus principales miembros para conocer las causas de la merma.

 


La causa era justa, los beneficios muchos y su futuro prometedor. Pero algo pasó. Así, de los cientos de nodos (sedes) que existían en el 2001 en Capital Federal tan sólo queda un puñado. ¿Quién o qué sentenció a muerte el Club del trueque? Uno de sus principales referentes explicó a minutouno.com que sólo se trató de una mala experiencia porteña y que en el Gran Buenos sigue en pie. Sin embargo, ex miembros acusaron otros motivos que incluyen estafas y decepciones varias.

“Prácticamente desaparecieron los nodos en Capital Federal”, aclaró Peli Agote, director del Centro Comunitario Mensajeros de la Paz, que supo formar parte de un club de trueque en San Telmo. Para Agote, la propagación de los planes Jefes y Jefas de Hogar llevaron a la extinción del sistema ya que con el dinero fácil en mano la gente dejó de producir.



 


“El alto perfil nos convirtió en blanco, ahora estamos más underground” Rubén Ravera     

Además, explica que para él lo que se fracasó fue uno de los leit motiv del sistema: “Para que funcionara tenía que haber producción y así reemplazar la falta de trabajo por una fuente mano de obra. Pero en este país no les gusta trabajar, muchos lo usaron para sacar ventaja y así traían un trapo y pretendían llevarse algo bien hecho a cambio”.

Sobreimprensión, truchaje y la lucha entre pesos y créditos

Por su parte, Myriam, que supo ser una miembro activa del nodo San Justo, consideró que el principal factor que atentó contra este sistema fue “que no se pudo sostener, ya que había que inyectar dinero formal en los eslabones para poder comprar materia prima y continuar con la producción”.


Entre octubre de 2001 y mayo de 2002 se pasó de 400 a 5000 nodos    

 


Esta ex troquera recuerda cuando en la La Matanza, declararon su nodo de “interés municipal”. Buenos tiempos que sólo duraron entre 1998 y 1999 ya que fue muy difícil encontrar una moneda común entre todos los nodos, además de los billetes truchos que circulaban. “En un momento hasta tuvimos que hacerles marcas de agua. De a poco nos abrimos, como idea me gusta pero en la práctica es muy difícil”.

A pesar de la desilusión y las estafas, sigue en pie

Las ganas de ayudar de Beatriz Arreguito pudieron más. Por eso decidió extender su labor en la Iglesia de Balvanera, en Congreso, y junto a otras personas abrió allí un nodo. Dice que en 2001, miles de personas pasaban todos los meses y había que hacer colas para ingresar. Que incluso se formó una red de salud donde atendían los mejores oncólogos de Buenos Aires. Es que, además de dulces, tortas o tejidos, el trueque incluía una amplia gama de servicios desde albañilería hasta atención psicológica. Así mucha gente podía hacer cambiar una bombita de luz a cambio de dos litros de licor de mandarina.


“Nadie más nos hizo una nota. Se silenció. Esto nació bellísimo y se fue distorsionando.
Se hizo una estafa a la moral” Beatriz 
    

 


Hoy, la realidad es otra y hay días en los que sólo concurren 5 personas. Consultada por la merma de los participantes, Arreguito fue clara: “Hubo una gran estafa. Había una comisión de crédito que regulaba cuando imprimir más o no, pero se desarmó y no se pudo controlar la impresión paralela”, cuenta desilusionada, y recuerda cuando a cambio de unos tejidos y manualidades pudo pintar su casa y arreglar el parqué del departamento. “Con los “Planes” la gente dejó. El clientelismo mató al trueque y al que tenía ganas de trabajar”.

“Goza de buena salud, esta mejor y recargado”

Rubén Ravera es uno de los pilares del movimiento y uno de los fundadores de la Red Global del Trueque, en el año 1995 junto a un grupo de amigos de Bernal. Museólogo de profesión, se niega a analizar el devenir del trueque con los parámetros de la economía de mercado y considera que si bien pasada la fuerte crisis de 2001, ya no se habla del sistema en Capital Federal, en la realidad del Conurbano Bonaerense “existe, goza de buena salud, pero no busca fama”.


Iba el que tenía 100.000 pesos atrapados en el corralito como el que había perdido un plan asistencial.    


¿El motivo? A su entender la masividad fue una de las principales enemigas del trueque “ya que los sectores mercantiles lo consideraban una competencia desleal”.

“En Capital eran más ideologizados, más de discusión que de acción. En el conurbano teníamos problemas reales. Los porteños lo vivieron como un fenómeno”, asegura Rubén convencido que el alto perfil convirtió en blanco al truque. “Por eso ahora seguimos, pero estamos más underground”.







 

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