Bolardos de concreto: qué función cumplen las bolas de cemento en calles y veredas
Caminar por la calle o la vereda y llegar hasta un punto de separación hecho con bolas de cemento forma parte de un diseño funcional para la vía pública.
Los bolardos de cemento se colocaron en puntos estratégicos para separar la calzada vehicular de las zonas peatonales.
Las esferas o bolas de cemento que se observan en bordes de veredas y zonas peatonales de las ciudades tienen un nombre técnico: bolardos de concreto. Lejos de ser elementos meramente decorativos, cumplen una función concreta en materia de seguridad vial y organización del espacio urbano.
Los bolardos de cemento se colocaron en puntos estratégicos para separar la calzada vehicular de las zonas peatonales. Su presencia impide que los autos se suban a la vereda, protege a quienes caminan y ayuda a delimitar espacios en lugares de alto tránsito, como esquinas, escuelas, hospitales y paradas de colectivos.
Sin embargo, estos elementos también generan críticas. En algunos casos reducen el ancho útil de la vereda, lo que puede dificultar el paso de carritos de bebés o sillas de ruedas. Otro cuestionamiento frecuente apunta a su señalización: cuando no están pintados con claridad o carecen de elementos luminosos, pueden provocar tropiezos o choques accidentales durante la noche.
En la Ciudad de Buenos Aires, los bolardos se volvieron habituales en avenidas como Corrientes, Santa Fe y en barrios como Palermo, Belgrano, Recoleta y Caballito. También se usan para ordenar el tránsito en zonas de carga y descarga, ciclovías y rampas para personas con movilidad reducida.
El término “bolardo” proviene del francés “bollard”, que originalmente se refería a los postes de amarre en los puertos. Con el tiempo, el nombre se adaptó para estos elementos urbanos que cumplen una función similar de delimitación y protección.
Para qué sirven y qué críticas reciben los bolardos de cemento
La función principal de los bolardos es impedir el paso de autos a zonas peatonales y evitar estacionamientos indebidos sobre la vereda. De esta manera, mejoran la seguridad vial y cuidan a los peatones en lugares de mucho movimiento.
Sin embargo, no todo es positivo: algunos vecinos señalan que, si no están bien ubicados, los bolardos pueden reducir el ancho de la vereda y dificultar el paso de carritos de bebés o sillas de ruedas. Además, si no cuentan con buena señalización o pintura reflectante, pueden provocar tropiezos o accidentes, sobre todo de noche.
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