Colonias de vacaciones, ¿un premio o un castigo de verano?

Sociedad

* LLega la época en que se reemplaza la escuela por las colonias de vacaciones.
* ¿Beneficio para los chicos o alivio para los padres?

La organización familiar se cae a pedazos después de la alegría del último día de clases, cuando los padres que siguen trabajando tienen que pensar con quién dejar a los chicos que ya no van a la escuela. Así, surge el dilema: ¿para quién es la colonia de vacaciones? ¿Para que la disfruten los chicos o para que descansen los padres que sienten a sus hijos como una carga? El problema se complica porque no se trata de unos días, sino de dos meses y medio en los cuales, además, los chicos acostumbrados a una agenda completa, se aburren a más no poder. Entonces, ¿ir a la colonia es un premio o un castigo? ¿Es un buen plan o es la "tortura" del verano?

Carlos Mikey lleva más de 30 años trabajando en recreación y este verano inaugura su temporada de colonia número 18. Desde su experiencia, y con 500 chicos inscriptos durante el verano pasado, Mikey afirma que ir a la colonia tiene que ser un premio, algo esperado por los chicos: “Ellos tienen que elegir ir, por eso hay que ofrecerles propuestas que sean realmente atractivas y que los hagan ser partícipes de su actividad de verano –dice el profesor de Educación Física devenido en coordinador de colonia-. Este verano el eje de la actividad será el tema del cuidado: de uno mismo, del otro y del medio ambiente. Partimos de esta propuesta y armamos el proyecto con los chicos, vemos qué les interesa y qué saben ellos sobre el tema. No se trata de decirles lo que ‘deben hacer’, sino de plantearnos cosas juntos”.

Sin dejar de lado las necesidades de los padres, Mikey elige armar una colonia que funcione sólo por la tarde. Así, los chicos pueden comer en su casa y no están en la colonia al mediodía, cuando el sol es más fuerte. “Cuatro horas de colonia son suficientes, un tiempo más prolongado los cansa –dice Mikey-. Ofrecemos un espacio de cuidado y disfrute, por eso valoramos la calidad más que la cantidad”.

Por su parte, la psicoanalista y psicopedagoga Alejandra Marroquín, del Centro Dos, plantea que tiene que haber un justo equilibrio entre las necesidades de los padres y los hijos: “Hay que combinar lo ideal y lo posible –dice-. Lo ideal es que cuando terminen las clases los chicos tengan un tiempo sin horarios, para el esparcimiento, para el juego y para no estar yendo de un lado a otro”.


 


Hay que combinar lo ideal y lo posible. Lo ideal es que cuando terminen las clases los chicos tengan un tiempo sin horarios, para el esparcimiento, para el juego y para no estar yendo de un lado a otro    

Sin embargo, muchas veces los chicos terminan las clases un viernes y el lunes siguiente vuelven a cargar la mochila, cambiando los cuadernos por la malla y las ojotas.

“Lo posible hace que, en algunos casos, la única opción para esa familia sea la colonia, entonces hay que buscar la que más les guste a los chicos –afirma la psicoanalista-. Hay que elegir colonias centradas en lo lúdico y en lo deportivo”.

Además de elegir con cuidado la colonia y no quedarse con la que queda más cerca, es bueno que los padres sean flexibles: “Tal vez es posible que la primera semana de vacaciones los chicos se queden en su casa con alguna persona de confianza que los cuide, así descansan un poco”, propone Marroquín.

“Sin duda, las actividades para el verano van a depender de las posibilidades de cada familia y de las características de cada chico en particular, porque seguro hay alguno que está esperando que termine la escuela para salir corriendo a la colonia del club, donde tiene amigos y donde se divierte muchísimo”, dice la especialista, poniendo el foco en la singularidad de cada familia y cada chico.

Las colonias de vacaciones, entonces, deberían ser “a medida”, para no transformarse en premio ni en castigo. Ni para los chicos, ni para los padres.

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