Cuando el rol se invierte: ¿qué hacemos con nuestros viejos?
- En un determinado momento de la vida las cosas se dan vuelta y aquellos que cuidaban pasan a ser cuidados. El asunto se debate entre quién lo hará: geriátricos o hijos.
- Culpa, miedos, factores propios de la historia familiar y condiciones sociales juegan un gran peso a la hora de decidir.
Muchas son las personas que deben atender a sus padres de avanzada edad tal comol ellos fueron cuidados en su niñez o tal como quisieran que sus hijos los cuiden en un futuro. Al fin y al cabo, el ciclo de la vida hace que todos acabemos de la misma forma. Sin embargo, esto no es ni tan fácil como parece ni tan placentero. Por eso, muchos optan por enviar a sus familiares a hogares geriátricos. Pero es una decisión difícil que encierra factores tanto individuales como sociales.
“La situación es muy complicada. Ya de por si yo tengo problemas de salud y mi familia es muy demandante, tengo hijos adolescentes, tengo trabajo, marido y mil cosas en la cabeza. El tema de mi mamá para mi es tremendo. Me duele mucho verla mal, en las últimas, y requiere del estar constantemente a su lado y a mi ya no me da la psiquis pero no pude ponerla en un geriátrico. Tengo dos personas que la ayudan a comer, vestirse, la duchan y yo le hago compañía”, contó Cristina (56) acerca de su madre de 81 años.
Al mismo tiempo, Cristina enfatizó que “es una manera de devolverle todo lo que ella hizo por mi. Pero además me veo a mi misma en ese lugar y yo tampoco quisiera ir a un hogar de ancianos y trato de darle el ejemplo a mis hijos”.
Pero no es la única: en el caso de Alicia (58) este factor fue decisivo también. “Mi mamá (94) cuando era joven tuvo a su madre muy enferma y ella misma se ocupó de cuidarla e intuyo que ella quiso que yo hiciera lo mismo con ella por eso me reprocha que una enfermera esté con ella unas horas del día en vez de ser yo”.
Sin embargo, hay quienes no pueden superar el enfrentarse con el vivo retrato de su futuro o bien por razones de fuerza mayor, o más bien de disponibilidad, no pueden cuidar personalmente a sus progenitores.
“Yo trabajo todo el día y no podía quedarme casa pero tampoco podía dejarlo sólo. A su vez, el ya estaba muy mal de salud y necesitaba cuidados de profesionales por lo que no tuve mucho margen de opción y lo interné en una residencia geriátrica aunque la idea no me gustó”, contó Domingo (58) acerca de su padre de de 93 años.
Para Huarte aquellos que tienen una percepción negativa de la vejez, es decir como el último paso a la muerte y no como una etapa más de la vida, seguramente sentirán un rechazo hacia la ancianidad.
Por su parte, Cafici sostuvo que “hay que estar preparado, no cualquiera puede hacer la tarea de cuidar a un anciano. Significa enfrentarse con el deterioro propio de la vejez y hay que tener la fortaleza para eso. El rol se invierte y los hijos pasan a cuidar a los padres pero no todos pueden”.
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