Educación tumbera: la relación entre libros y delincuencia

Sociedad

*Según el Servicio Penitenciario Federal, casi la mitad de los presos concurre al colegio.
*Especialistas consultados por minutouno.com sostienen que eso no puede garantizar la reinserción social.

De acuerdo a un informe del Servicio Peniteniario Federal casi el 50 % de los presos están escolarizados. La cifra, que parecería optimista, también se puede leer desde una óptica no tan esperanzadora. Ya que, si bien es positiva su inserción en el ámbito educativo -pese a la resignación de estar tras las rejas- los números indicarían que, antes de estar presos, carecían de la escolarización mínima. Pero, ¿se puede hacer una correspondencia entre ambos? ¿La falta de instrucción y contención escolar es igual a analfabetismo y delincuencia?



"No es una causalidad sencilla sino compleja", advirtió a minutouno.com la licenciada María Isabel Ribet, coordinadora del Programa Nacional de Educación en Contextos de Encierro. "Hay que pensar que los chicos de sectores sociales vulnerables cargan hasta con dos generaciones de exclusión social, y si la familia no los contiene dejan su casa. Pueden ir hasta segundo grado en la escuela (muchos sólo para comer) pero repiten y abandonan. Cuando un chico de 8 no está en la escuela se recluye a la calle que, en su situación, es la peor de la escuelas. Así al no incorporarse al proceso social, sufren falta de lazos con familia y escuela y no tienen medios para subsistir si no es por delito".

Escuela tumbera


Los presos van a la escuela porque en lugares de encierro son espacios de libertad    


Según los datos a lo que pudo tener acceso minutouno.com, de los 9.246 internos federales (calificados así por haber cometidos delitos de narcotráfico, robo de autos o estafas) el 47% (4.422), abrieron el ciclo lectivo de este año. De estos, un 30% (2.725) concurren a la escuela primaria, y unos 1.800 forman parte de los planes de formación profesional, también conocida como enseñanza de oficios.


 


“A los detenidos no se los puede obligar a cursar, es una oferta que se les da pero queda en ellos”, sostuvo un vocero del Servicio Penitencio Federal, quién además expuso que ir a clases no sólo otorga buenas calificaciones en el boletín. “Muchos presos cursan porque si estudian obtienen un mejor concepto como detenidos”.

A su vez Ribet entiende que, más allá de estos esfuerzos que los jueces tienen en cuenta para otorgarle algún beneficio, “ellos desean inscribirse en la escuela porque en lugares de encierro son espacios de libertad, el maestro lo trata como alumno. No se sesga la mirada”.


La educación carcelaria busca  restituir los derechos  de los que no gozó en la edad que no correspondía    

Además del primario y el secundario, muchos presidiarios prefieren trepar más alto y cursar estudios universitarios, convenientes a su situación. “Derecho es la carrera más buscada, por un lado quieren conocer sus derechos, y los que están más avanzados también asesoran a sus compañeros”, sostuvo la coordinadora de este programa. También optan por sociología, psicología o bibliotecología, la de mayor salida.


 


Para los gustosos de datos de color, entre los egresados, hay algunos de renombre como Pablo Schoklender, acusado de asesinar a sus padres en la década del 80, que se graduó en Derecho durante su permanencia en la cárcel de Villa de Devoto, al igual que el ahora abogado Carlos Telleldín, quién se vio involucrado en el atentado a la AMIA. O el ex rugbier Alejandro Puccio, acusado de integrar un clan que secuestraba y asesinaba empresarios durante los años 80, que estudió psicología y hasta tuvo permisos para salir a trabajar en un neuropsiquiátrico. 


 


Como lo demuestran las cifras antes expuestas, casi la mitad de los presos federales no tuvo una buena relación con los libros antes de delinquir. Pero ahora bien, si la falta de escolaridad incidió en su delincuencia ¿ayuda la educación carcelaria a su reinserción? Lamentablemente, ninguno de los especialistas consultados pudo garantizarlo.

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