El baúl de las excusas tiene una para cada ocasión
- El ser humano es capaz de elucubrar las más sofisticadas obras discursivas para salvar una falta propia aún cuando sean de lo menos creíbles.
- Enterate de algunas de las más desorbitantes y contanos las tuyas.
“No andaban los trenes”, “me lo olvidé arriba de la mesa”, “me demoró un llamado cuando salía”, “te llamé, pero no me daba”... La serie de excusas que hombres y mujeres pueden llegar a elucubrar para salvar una falta propia es infinita. Hay de todos los rubros y, por supuesto, algunas muy sofisticadas, verdaderas obras de ingeniería discursiva. Pero, la excusa ¿encierra una forma de esconder la realidad? ¿Ayudan a no exponer la verdad?
“La excusa es una manera de no hacerse cargo. Si bien hay excusas verdaderas y valederas, en general se trata de una falta de compromiso con la propia realidad. Se trata de depositar en el ´afuera´ la responsabilidad propia”, explicó el psiquiatra Pablo Wizemberg.
“Mi gato está deprimido y estoy esperando al psicólogo gatuno porque en ese estado no come ni va al baño ni nada”, comentó una lectora de este diario en una nota acerca de excusas para no ir a trabajar.
Pero no es la única. Excusas aquí y allá, nadie en ninguna esfera de este mundo alguna vez se privó de emitir alguna de ellas en cualquier rubro. ¿Acaso en el fútbol el DT no culpa por el mal desempeño de su equipo al anterior, con un “también, miren lo que me dejaron”? ¿Acaso los gobiernos no suelen apelar a un argumento parecido, aludiendo a la “herencia recibida”? ¿Acaso una ex ministra no respondió que guardaba dinero en el baño de su despacho “para comprarle un departamento a mi hijo”? Como se ve, hay excusas y excusas...
Estas artimañas son el resguardo de infieles, de alumnos, de trabajadores... y de todo ser humano. Tan desplegado está este sistema que hasta tiene su propio mercado. En la Web circulan cientos de páginas dedicadas a prestarte una excusa para cada ocasión. Algo así como un almacén de excusas.
El quid parece ser disfrazar los errores propios culpando a los demás, porque es más fácil escudarse en factores ajenos que hacer una mirada introspectiva, aunque la realidad indique también que es menos creíble.
Excusas de todo tipo y para todo tipo se despliegan día a día sobre la faz de la tierra, pero cuando las mismas dejan de ser una excepción para transformarse en un hábito, sean ciertas o no, las personas con la paciencia ya por el piso terminan evitando al sujeto en cuestión.
“De a poco la gente va a ir evitando a la persona que se excusa todo el tiempo hasta relegarla, porque es feo para el otro que una persona no asuma su compromiso con la realidad. Hay que asumir las consecuencias de los actos que llevamos a cabo”, explicó Wizemberg.
Sin embargo, hay quienes terminan siendo creíbles aún cuando sostienen hasta el final de sus días una excusa poco cierta y de dudosa creencia para cualquier cristiano.
“La credibilidad de lo que se dice se basa en la construcción de la confianza con el otro. En definitiva, si uno quiere chequear los argumentos expuestos siempre se puede”, sentenció el especialista.
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