El crimen del prestamista y los rumores sobre la aparición de 'los típicos perejiles de siempre'
*Muchos amigos en la ley, muchos al margen de la ley, mucha influencia política y nada de eso evitó el brutal crimen del que fue víctima el prestamista Mauricio Méndez.
*¿Llegó la hora de encontrar a "los perejiles" para tapar todo?
El lujoso BMW de Mauricio Méndez había quedado en la puerta, y en su guantera, un arma de guerra registrada legalmente a su nombre, son indicios que el encuentro en su oficina de la calle Perón iba a ser fugaz y seguro. Resulta extraño que un hombre autorizado a portar armas la deje en el auto cuando lo estaciona en la vía pública... y más aún que lo haga dentro de un coche alemán tan ostentoso para una zona que no nada en la abundancia, precisamente.
¿Hubo un tercer personaje que hizo la custodia del lugar para que Méndez estuviese confiado de que nadie le robaría el arma? Hay ciertos códigos entre los que portan estos adminículos que nadie viola. Uno de ellos, no dejar nunca la pistola o el revolver en el auto si no se está en el lugar.
Como decíamos en nuestro informe anterior, en San Miguel se habla mucho del “tungueo” (levantar autos para “exportación”) de vehículos lujosos al Paraguay, y si Méndez -como todo habitante de la zona- conocía de esos robos, difícilmente hubiera dejado a la intemperie su BMW a merced de los “tungueadores” o corriendo el riesgo de que le robaran su arma. Ese detalle abona la teoría que una tercera persona podría haber quedado en la calle mientras el prestamista ingresaba confiado a su despacho.
Al margen de sus múltiples relaciones cruzadas en la zona, también se conoce que el occiso realizaba algunos fiestas nocturnas (de las llamadas “non sanctas”) en la cual se entrelazaban sus invitados de uno u otro bando como grandes amigos. De esto, todo San Miguel está enterado. También, de eso no se habla.
En 1998, un oficial de la brigada antinarcóticos de San Martín tuvo la mala ocurrencia de “mexicanearle” un cargamento pequeño (pero ilegal al fin...) a un narco de la zona. El traficante no se amilanó y fue a declarar el robo (sin precisar qué contenía el bolso) al despacho del fiscal Córdoba, que en ese entonces reportaba al fiscal fuerte de la región, Luis María Chichizola.
A la investigación le faltaba un dato: la identidad del policía que se quedó con “la bolsa”. Entonces sus compañeros requirieron esconder al policía corrupto para dejarlo fuera de la ronda de reconocimientos. Ahí se comenta que ya Mauricio Méndez gozaba de una sólida amistad con la bonaerense, y sin preguntar pelos ni señas ofreció esconder al oficial en su departamento de la costa marplatense hasta que pasara la tormenta. Ese gesto lo recuerda aún hoy cualquier bonaerense de la región con más de una década de servicio.
Muchos amigos en la ley, muchos al margen de la ley, mucha influencia política y nada de eso evitó el brutal crimen del que fue víctima el prestamista Mauricio Méndez. Sus victimarios debían estar seguros de lo que hacían cuando presionaron ocho veces el gatillo contra su indefenso oponente.
Los rumores, que nunca faltan en estos casos, aseguran que pronto aparecerán en escena “los perejiles de siempre” para tapar el homicidio y hacerlo pasar al olvido prontamente.
¿Cómo saber, cuando se diga que están detenidos los homicidas de Mauricio Méndez, si se está frente a una farsa o en realidad se llega a esclarecer el hecho?
Lo veremos en su momento. Hoy la intriga es cada vez más espesa y la hojarasca de versiones llena los despachos de los investigadores.
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