El crimen de Campana desnudó de nuevo un país con "dislate"

Sociedad

*Cuando suceden estas cosas, la Argentina queda expuesta como lo que es: un verdadero país del tercer mundo.

Hace tiempo, hasta que la sociedad advirtió que en realidad ese trastorno era otra cosa, se hubiese dicho que la reacción de las autoridades por el cuádruple crimen de Campana se trató de un nuevo caso de una Argentina "autista".

Si no se hubiese gastado el recurso, se hablaría también de "Crónica de cuatro muertes anunciadas". Y así, se escribirían o hablaría de muchos lugares comunes en medio de una tragedia nacional.

Sí, nacional porque más allá de tratarse del fin violento de una familia, dejó de manifiesto unas cuantas cuestiones nacionales. Más allá de las morales, las emotivas o las puramente policiales.

Porque una vez más, desde lo nacional, se reaccionó. Tarde. Se corre de atrás.

Las autoridades resolvieron, por ejemplo, monitorear la situación de las casi 300 personas que en la provincia de Buenos Aires cuentan con una pulsera para conocer su ubicación, beneficiadas por la excarcelación. Claro, se dispuso una vez que se comprobó que el presunto responsable de la matanza había violado el dispositivo.

O se dispuso el relevo de todo el personal involucrado en el control de ese mecanismo que concede beneficios a ciertos tipos de presos.

Y también se sancionará a los responsables policiales que, pese a haber recibido un alerta telefónico sobre la existencia de gente en actitud sospechosa en la vivienda en la que estuvieron retenidos los Mansilla concurrieron al lugar, pero no entraron.

Claro, la sanción caerá después de que los Mansilla fuera sacados de ahí, del lugar en el que puerta mediante hubo policías,  y asesinados. Y poco después perdieron la vida sus dos pequeños hijos.

Y así todo. Con "dislate", ese problema por el que en la tele el sonido llega a una velocidad y la imagen un poco después.

No es para sorpresa, porque pasa todo el tiempo. La desnutrición infantil en el país existe solo desde que la registra una cámara, -venimos a recordarla ahora que la periodista María Julia Olivan volvió a entrevistar a la chiquita para la tele- y recién ahí se envió ayuda alimentaria.

O se advierte que los trenes del ferrocarril Roca son un desastre cuando pasa algo que, por la magnitud, sorprende solo a los que no lo usan habitualmente. O se tapan baches después que cayera una persona o un auto adentro y fuese tema de agenda periodística.

O se descubre que el país vive en buena medida del campo cuando los chacareros se bajan de las 4 x 4 para ir a las rutas porque les tocaron la rentabilidad.

O se recuerda que hay un Congreso cuando se encuentra allí una salida para las retenciones. O se habla de los problemas educativos y de conducta cuando un chico le quema el pelo a una profesora. O se percibe que los jóvenes se alcoholizan y pelean en los boliches porque sale en los programas de la noche.

Y así todo.

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