Este año San Cayetano se vio invadido por jóvenes sin empleo

Sociedad

Miles de personas se acercaron hasta el santuario de San Cayetano. Sin embargo, llamó la atención una gran cantidad que jóvenes que se hicieron presentes. La mayoría pidió por trabajo, otros agradecieron por haberlo conseguido y hasta algunos, con su música, animaron la calurosa jornada de Liniers.

Según un estudio que presentó el Ministerio de Trabajo en el año 2005 (último dato conocido), la tasa de desempleo juvenil alcanzó al 26,3% del total de desocupados de la Población Económicamente Activa. Sin embargo, son muchos los que no pierden las esperanzas de encontrar trabajo.


 


El pedido de los jóvenes desempleados



Una de ellas, Romina (22 ), llegó al santuario desde Ingeniero Budge junto a su madre para pedir trabajo, ya que hace unos meses la echaron del supermercado en el que se desempeñaba como cajera.  “Empecé la facultad y tuve que abandonar porque no tenía dinero para comprar los apuntes. Ojalá este sea el punto de partida para volver al trabajo”, se ilusionó.

Con dos espigas en la mano, Walter (21) se ubicó en la eterna fila, por primera vez, porque hace tres meses se quedó sin trabajo cuando la empresa constructora que lo empleaba decidió despedirlo tras un accidente de trabajo. “A veces hago alguna que otra changa, pero no me sale un trabajo diario y vivo en un terrero compartido con mi madre y la tengo que ayudar”, expresó.


 


Según el mismo informe del Ministerio de Trabajo, cuatro de cada 10 desempleados tiene menos de 24 años. En total suman 718.000 los jóvenes y adolescentes desocupados, sobre 1,8 millón de personas sin trabajo.

Sebastián (22) concurrió a San Cayetano por segunda vez con la intención de conseguir un empleo, porque está desocupado desde hace cuatro meses cuando lo despidieron de un bingo. “Desde ese momento ni siquiera tuve entrevistas y es por eso que pido ayuda”, relató el joven que el año que viene comenzará a estudiar Traductorado de Inglés en la UBA.


 


La interminable fila para asistir al santuario de San Cayetano alcanzó hasta las inmediaciones del estadio del club Vélez Sarfield. La gran mayoría de los jóvenes estuvo acompañado de sus progenitores u otros familiares, aunque algunos asistieron en grupos de amigos. Todos con la misma consigna: el inquebrantable pedido de trabajo.



Verónica (23) llegó desde Lomas de Zamora con la ilusión de que su amigo Cristian (24) pudiera encontrar ese empleo que perdió hace dos semanas con el que mantenía a su pareja y a su hijo Juan Manuel de dos años.  “Por suerte yo sí tengo trabajo, pero vine a pedir por mi amigo mientras él está buscando empleo a través de los diarios”, confesó.



Jóvenes agradecidos



También se acercaron a San Cayetano los jóvenes que, entre otras cosas, agradecieron porque a sus familiares no les falte el trabajo. Este es el caso de Lorena (17) que desde las 10 se incorporó, junto con sus padres, a la interminable fila de la avenida Juan. B. Justo. “Vine a dar las gracias porque ellos tienen trabajo y a pedir por la gente que no tiene empleo, para no ser tan egoísta”, contó.


 


También asistieron chicos más pequeños con sus estampitas y espigas en la mano, testigos privilegiados de la esperanza y la fe que evidenciaron sus padres. 



A Mariela (21) se la veía entusiasmada con un ramo de claveles en su mano. Y no era para menos.  Poco le importaron las más de cinco horas que tuvo que hacer de cola para agradecer el regalo que le hizo San Cayetano. “El año pasado estaba desocupada, vine a pedir trabajo y a los pocos días comencé a trabajar en un callcenter”, comentó sonriendo. “Los jóvenes tenemos muchos problemas para conseguir un empleo porque nos piden experiencia”, añadió.

Un poco más lejos, un grupo de chicas se adueñaron de la esquina de Gallardo y Bynon, ofreciendo canciones religiosas y el apoyo para todas las personas que pasaban delante de ellas. Con guitarras, micrófonos y varios cancioneros, seis ex alumnas de un colegio religioso animaron la cálda tarde de Liniers. “Hace cuatro años que vivimos esta experiencia y nos encanta poder escuchar y hablar con la gente”, sintetizó Julieta (19), una de las adolescentes que con su música coparon esa esquina.

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