Familia argentina guarda una escultura atribuida a Miguel Ángel y valuada en US$450 millones
Sería la obra de arte más valiosa de la historia argentina. La familia heredera atravesó persecuciones, exilios, una causa judicial y décadas de silencio.
La pequeña escultura atribuida a Miguel Ángel.
La noticia volvió a conmover el mundo del arte: trascendió que una familia argentina conserva desde hace generaciones una pequeña escultura blanca atribuida a las manos de Miguel Ángel Buonarroti, quien la habría realizado en Florencia cuando solo tenía 20 años.
Hasta donde se sabe, la pequeña estatuilla 30,5 centímetros representa a San Juan Bautista niño (“Giovannino”, como lo llamaban en Italia) y podría ser una de las obras perdidas más buscadas del artista que esculpió el David y la Piedad y pintó la Capilla Sixtina, considerado hoy figura fundamental del Renacimiento y uno de los artistas más influyentes de Occidente.
Si los especialistas internacionales terminan de confirmar esa hipótesis con los estudios que se están realizando en la Universidad de Bolonia, la pieza cuya ubicación permanece en secreto podría valer hasta US$450 millones.
Según indicaron fuentes cercanas a la familia, fue Ángel Osvaldo Nessi, historiador del arte y director del Museo de Bellas Artes de La Plata, quien en 1997 certificó que, para él, se trata de una obra Miguel Ángel. En ese momento, fue noticia global y hoy vuelve a los titulares en el marco de nuevos estudios que se le están realizando en Italia.
La historia dice que la pieza habría llegado al Río de la Plata en el siglo XVIII y quedó en manos de la misma familia durante generaciones, pero en las últimas tres décadas decidió permanecer en silencio.
Incluso, tomó estado judicial cuando en abril de 1995, tras una denuncia de la Policía Federal basada en datos de informantes, se aseguraba que enviados del Vaticano pretendían recuperar la escultura que presuntamente había sido robada de la Capilla Sixtina cuatrocientos años antes e ingresada de contrabando a la Argentina.
La causa quedó en manos del juez en lo Penal Económico Julio Cruciani, quien fue a la Nunciatura Apostólica para consultar al nuncio Calabresi sobre el tema y el 3 de mayo de aquel año participó del operativo que incluyó a efectivos de la Federal y agentes de la entonces SIDE para allanar la casa de la familia y la de un vecino; pero la pieza no fue encontrada. Poco después y a pedido de la fiscalía, el juez desestimó la denuncia “por no constituir delito” y la causa se archivó.
Desde entonces, la familia poseedora de la obra eligió el silencio y el secretismo. Ahora decidieron -bajo estricto anonimato- contar la historia de esta pieza que vuelve a ser una noticia que recorre el mundo.







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