Fue ladrón de bancos, custodio de Messi y ahora es un exitoso escritor
Daniel Rojo Bonilla, más conocido como "Dani El Rojo", es un gánster de la década del ´80 en España. Robó cientos de bancos y más de 60 millones de euros. En dialogo con minutouno.com contó sus días después de la cárcel: "Lo fácil lo hice: atracar bancos y drogarme". Su relación con Messi, Calamaro y Vittete Sellanes.

Por Fabián Taboada
Dani El Rojo entra al lobby del hotel donde pasa sus días en Buenos Aires y los huéspedes giran inmediatamente para verlo. Su más de metro noventa de estatura, su vestimenta y su particular barba y caballera hacen que no pase desapercibido. Justamente uno de los requisitos más deseados por los ladrones de bancos: no ser reconocidos. "Me culpan de tantos robos por dos razones: los hacía y mi físico era muy difícil de camuflar. Siempre se acordaban de mí. Nunca pasaba una rueda de reconocimiento", dice con una sonrisa pícara en charla con minutouno.com, antes de regresar a España.
"Lo fácil lo hice: atracar bancos y drogarme. Ahora llevo veinte años haciendo lo difícil: criar una familia, vivir de un sueldo"
"Sabía bien que bancos robar y que estaban asegurados. Y nunca molestaba a los clientes. Ni hablar de amenazarlos o lastimarlos", dice. El ex ladrón –como se define en un pasaje de la charla- recuerda sus épocas de delincuente y explica: "Yo siempre digo que lo fácil lo hice: atracar bancos y drogarme. Ahora llevo veinte años haciendo lo difícil: criar una familia, vivir de un sueldo. Eso sí que es difícil".
"Calamaro, como yo, tomó cocaína profesionalmente"
De sus días trabajando codo a codo con Calamaro destaca: "Yo conocía su música. Lo escuchaba. Pero fue particular nuestro encuentro: él había sido padre hace poco y quería dejar de consumir. Calamaro, como yo, había tomado cocaína profesionalmente. Y verme a mí limpio, seguro que lo ayudó. Creo que nos ayudamos entre los dos, por eso formamos una amistad que dura con los años".
"Messi sigue siendo muy argentino, no habla ni una pisca de catalán o español. Habla argentino. Es más: habla rosarino"
El ingreso al mundo del espectáculo lo relacionó con guionistas, escritores y creadores de novelas que cuando escuchaban sus historias (reales) se quedaban atentos por horas. Esa situación se repitió hasta el hartazgo y así llegó la primera propuesta para escribir.
"La literatura la descubrí en prisión. Éramos once en una celda y el tiempo se hace eterno. Y cuando, estando afuera, esta gente me ofreció escribir algo, ya estaba más preparado. Igual, mis primeros libros son narrados. Claro que terminamos ficcionando las historias: de 150 personajes 140 ya estaban muertos y no me parecía justo nombrarlos. Pero los hechos son reales. Trabajo junto al escritor Lluc Oliveras", cuenta.
La pregunta que surge al hablar con Dani El Rojo es simple: ¿puede un preso reinsertarse con éxito en la sociedad? Y, con su experiencia, parece encontrar las palabras justas para explicar esa situación: "Es muy complicada la reinserción. Si en las cárceles mandan los policías por encima de los psicólogos, nadie va a reinsertarse. Porque son personas antes que delincuentes. Y si los tratás sin educación, sin sanidad, mal alimentados, ellos mismos se van haciendo más animales".
Su caso, aclara, es excepcional ya que desde que salió, no negó nada: "Eso me ayudó. Antes que me preguntaran algo explicaba que había robado, que me había drogado y todos mis pecados juntos. Eso generó confianza. Además mostré estar por buen camino y gané confianza con mis primeros trabajos post prisión".
"Con Vittete somos dos jubilados que dejaron su trabajo y están en otra etapa"
En su gira promocional de dos semanas por Argentina, se tomó un tiempo para escaparse a Uruguay y encontrarse con "un amigo": Luis Mario Vittete Sellanes, el cerebro del Robo del Siglo al Banco Río de Acassuso. "Fue muy positivo el encuentro. Nuestra relación es similar a la de dos jubilados que dejaron su trabajo y están en otra etapa. Teníamos algo similar: en nuestros mejores golpes los dos usamos el boquete", explica y sigue entusiasmado: "Nos relacionamos en Twitter y vimos cómo nos sigue la gente. Quedamos sorprendidos de vernos como héroes. Estuvimos en Uruguay y comimos en su casa en San José. Me demostró lo que yo ya sabía: está emocionado. Tiene una joyería y genera el morbo de si está vendiendo o no las joyas robadas. Pero es todo un juego. Es más relojería que otra cosa".
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