Hijos del tráfico de bebés: los adultos que luchan por conocer su verdadera identidad
* minutouno.com dialogó con Graciela Palma, una mujer que no conoce su verdadera identidad y que supone que tiene dos años menos de los que figuran en su partida de nacimiento.
“Somos los bebés del trafico de niños. Se habla de las madres, de los intermediarios, pero nadie se ocupó de nosotros. Necesitamos saber nuestros orígenes y vivir con la verdad”. Quien afirma esto es Graciela Palma, una mujer que no conoce su verdadera identidad y que supone que tiene dos años menos de los que figuran en su partida de nacimiento.
Reunidos en una asociación, denuncian la desidia del Estado por su situación al considerar que es un tema de "gente grande" y descubrieron que en la mayoría de los casos son los mismos médicos y parteras los que firmaron sus certificados de nacimiento.
La historia de Graciela
Desde que era una niña Graciela Palma (46) se daba cuenta que en realidad no era hija de Celina y Luis. “Internamente lo sabía, tenía que convivir con esa mentira y no encajaba en donde estaba”, dijo en diálogo con minutouno.com.
Graciela somatizaba, tenía dolores de cabeza las 24 horas del día y problemas de adaptación en el colegio. Como sus padres le hicieron estudios y no arrojaron ninguna enfermedad, ella deambuló por varios psicólogos. “Nadie me quería decir la verdad”, contó.
A los 16 años un médico logró decirle que era adoptada, pero la explicación fue que su madre era una prostituta y que la entregó antes de tirarla a la basura. Si bien no creyó aquella historia le sirvió para comenzar a blanquear, en parte, su situación.
“Eso me hizo un vuelco y comencé a ser una de las mejores alumnas en la secundaria porque sabia que ellos no eran mis padres biológicos. Es imposible armar un proyecto de vida en base a mentiras”, sostuvo Graciela.
Hace 16 años nació Macarena, su única hija, y fue un capítulo aparte en relación a la búsqueda de su verdadera identidad. “Fue un clon mío y me reconocí físicamente en ella. Yo soy castaña y ella es rubia de ojos claros. La miro a ella y me imagino el rostro de mi madre”, expresó.
Muchas de estas personas nacieron en el seno de una familia indigente y otras, en cambio, son producto de embarazos precoces y no deseados que irrumpen en la tranquilidad de familias de clase media o alta que deciden entregar a la criatura por el temor al "que dirán". Sin embargo, todos ellos son hijos del olvido y la mentira y muchas veces son tratados de patoteros o desagradecidos con sus padres adoptivos por querer saber de dónde vienen.
Hace seis años Graciela decidió enfrentar definitivamente a Celina para conocer, de una vez por todas, las verdad. Ella le contó que como no podía tener hijos le recomendaron el número de una partera, que a su vez le pasó el teléfono de otra mujer que la citó en el Hospital Español. Allí le entregó una criatura pelirroja, aduciendo que la familia biológica no la dejaba quedarse con el bebé.
Pero eso no iba a ser todo. Esa misma tarde Graciela se enteró de algo que comenzó a llenar de respuestas algunos casilleros de su vida. Hasta ese momento no sabía por qué, al finalizar el secundario, decidió estudiar Traductorado de Ruso. Pero en esa charla Celina le confesó que su madre era polaca o rusa.
¿Quienes somos?
El 16 de marzo de 2002 Graciela fundó, con otras personas, “Quienes somos”, una ONG compuesta por gente que no conoce su verdadera identidad y lo primero que descubrieron era la coincidencia, en muchos de los casos, en las parteras y los médicos que firmaron sus partidas de nacimiento.
Ellos aducen que se sienten desprotegidos y discriminados por el Estado cada vez que se reúnen con algún funcionario para pelear por sus derechos. “Dicen que provocaríamos abortos masivos”, expresó Graciela, quien agregó que Eduardo Luis Duhalde, secretario de Derechos Humanos de la Nación, le comunicó que no les interesa ese tema porque ya son gente grande.
En “Quienes somos” tienen claro que la sustracción de identidad trae aparejado problemas de aprendizaje, inconvenientes físicos y dificultades para sociabilizar, pero sin embargo, no consideran a la familia de crianza como un enemigo potencial. “Creyeron en un médico o en una partera que les decía que había un bebé tirado y nos recibieron antes de esperar tanto tiempo los trámites de adopción”, aseveró Graciela. “No estamos persiguiendo a nadie, queremos encontrar nuestros orígenes”, se defendió.
Desde que Graciela se enteró cómo llegó a las manos de Celina cambió la relación con su familia. “Mis primos y tíos fueron cambiando su actitud. Todos lo sabían y hoy en día me dan vuelta la cara y me quedé sola”, recordó Graciela, que es artista plástica y vive junto a Celina (90) y a su hija Macarena que la acompaña día a día en su búsqueda.
Después de mucho tiempo “Quienes somos” logró que a fines de 2006 la legislatura porteña promulgara la ley 2202 de Apertura de Archivos de los Hospitales y Sanatorios y Clínicas privadas de la ciudad de Buenos Aires. Sin embargo, según comentó Palma, hay muchos establecimientos de la salud que ignoran dicha norma.
“Hay hermanitos que son entregados en un mismo barrio, se conocen de chicos y se crían como vecinos y ha pasado algún caso de incesto y en esas situaciones límites los padres contaron la verdad”, comentó indignada Graciela. "Es muy doloroso lo que tenemos que pasar. Queremos garantizar las búsquedas para todos. Necesitamos conocer nuestros orígenes, vivir con la verdad”, sentenció.
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