Hoy se cumplen 64 años del terremoto que devastó San Juan
- El sábado 15 de enero de 1944, a las 20.52, un terremoto de 7.8 grados en la escala de Ritcher, destruyó la ciudad de San Juan y enlutó al país entero: la tragedia fue de tal magnitud que ninguna familia salió indemne de algún luto y prácticamente nadie salvó su casa. Hoy se sumple 64 años de aquel episodio.
Desde la mañana los animales se habían comportado de manera extraña: los gallos no cantaron al amanecer sino al atardecer, los caballos relincharon inquietos y los perros, gimiendo de miedo, buscaron sin cesar algún lugar oscuro donde refugiarse.
Pero nadie se apercibió de lo que anunciaban y cuando las grietas se abrieron, ya fue muy tarde: en minutos todo se vino abajo, la Catedral incluida. Y hasta los que habían logrado escapar hacia la calle, fueron aplastados por la mampostería de los viejos edificios, que se bambolearon y finalmente cayeron, incapaces de resistir, porque inexplicablemente -desde 1900 se sabía que San Juan estaba situada en zona altamente sísmica- no habían sido hechos para eso.
El terremoto cambió totalmente la fisonomía de San Juan, que de ciudad colonial pasó a ser moderna y antisísmica.
Nunca se supo a ciencia cierta cuántos murieron: entre 10.000 y 15.000 vecinos, se estima, fueron enterrados en fosas comunes que los obreros de Vialidad Nacional cavaron y regaron con cal para evitar la propagación de enfermedades. En algún momento, también hubo que apelar a la incineración de cadáveres.
Otros 70.000 vecinos resultaron heridos de distinta consideración, sobre una población total que no alcanzaba a los 100.000 habitantes. Por aquella época los empleados públicos también trabajaban
los sábados hasta el mediodía y se cree que, si el terremoto hubiera ocurrido por la mañana, la cantidad de víctimas todavía hubiese sido mayor.
Sin embargo, como era usual los sábados, a la hora en que se produjo el terremoto se celebraban casamientos en las principales iglesias, cuatro de las cuales -Concepción, Catedral, Trinidad y La Merced- se derrumbaron sobre los contrayentes, los sacerdotes y centenares de invitados.
El Regimiento 22 de Infantería de Montaña organizó en la madrugada del 16 de enero los primeros socorros a la población y dos trenes, uno mendocino y otro cordobés, llegaron de inmediato con personal médico para asistir a los heridos.
Inclusive los 500 presos de la cárcel de Marquesado fueron liberados para que auxiliaran a sus familiares. Miles de heridos de gravedad comenzaron a ser llevados al día siguiente en tren o en autos de familiares a hospitales de provincias vecinas, ya que los de San Juan habían resultado dañados y se carecía de luz eléctrica.
Ese 16 al mediodía, el coronel Juan Domingo Perón habló por la Red Argentina de Radiodifusión: "Se hace necesario ahora la colaboración del pueblo argentino que reclamo en estos momentos y que descuento se concretará en los cuatro puntos cardinales...", dijo.
Tras el acto de beneficencia en el Luna Park, donde Perón conoció a Evita, también los porteños se movilizaron para ayudar: en los días subsiguientes comenzaron a salir desde Buenos Aires trenes cargados con alimentos y ropa para los damnificados.
Otra ciudad, otra historia
El terremoto cambió totalmente la fisonomía de San Juan, que de ciudad colonial pasó a ser moderna y antisísmica, pero la reconstrucción no fue una tarea fácil: duró hasta 1960 y demandó la ayuda suplementaria de la Nación.
A 64 años de entonces, acallado ya el dolor por tanta muerte, los sanjuaninos pueden estar orgullosos de la tarea realizada: se levantaron, lucharon, reconstruyeron su habitat y en ese hacer se reconstruyeron a sí mismos.
Por eso, aunque la herida cicatrizada siga allí, aun palpable, si los gallos volviesen a cantar a deshoras y los perros a huir atemorizados, ellos tienen ahora la tranquilidad de saber que ante un nuevo terremoto, lo que sucedió, no les volverá a pasar.
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