Incidentes en un acto interreligioso en la Catedral de Buenos Aires
Un grupo ultraconservador católico intentó impedir la realización de un acto judeo-cristiano en la Catedral porteña, por la conmemoración de la "Noche de los cristales rotos".
Luego de unos minutos de tensión y de la presencia de efectivos de la Policía Federal, que no intervinieron, y mientras Giannetti rezaba la Oración de la Paz de San Francisco de Asís, volvió la calma al interior del templo y pudo iniciarse el acto litúrgico.
La liturgia, organizada por la Comisión de Ecumenismo y Diálogo Interreligioso y la B'nai B'rith Argentina, contó con reflexiones alusivas de Poli y el rabino Abraham Skorka, rector del Seminario Rabínico Latinoamericano.
La recordación se fundamentó en el texto "De la muerte a la esperanza", escrito por el rabino León Klenicki y el teológico católico Eugene Fischer, y actuó el coro polifónico de la Sociedad Hebraica Argentina.
Del acto interreligioso participaron también el sacerdote Alejandro Llorente, el rabino Jonás Shalom (Bet Am Marc Chagall) y los pastores David Calvo (Iglesia Luterana Unida), Ester Iglesias (Iglesia de los Discípulos de Cristo), Sergio López (Iglesia Dinamarquesa) y Mariel Pons (Iglesia Evangélica Metodista).
Tras leerse textos que condenan el genocidio y se solidarizan con el pueblo judío, de los papas Benedicto XVI y Francisco, se hizo un momento de silencio para que "se reconozcan otros silencios anteriores, el de las conciencias enmudecidas que aceptaron persecuciones y fueron indiferentes a la degradación y al crimen".
También se rezaron oraciones cristianas y hebreas, y se encendieron seis velas en memoria de los 6 millones de judíos masacrados por el nazismo.
La noche del 9 al 10 de noviembre, cuadrillas de la juventud hitleriana vagaron por vecindades judías de Alemania, Austria y Checoslovaquia rompiendo las ventanas de los negocios y de los hogares judíos, y saquearon y quemaron las sinagogas.
Se calcula que fueron destruidos 101 sinagogas y casi 7.500 negocios hebreos; también fueron asesinados unos 91 judíos y otros 26.000 arrestados y enviados a campos de concentración.
No obstante la violencia de esa noche, hoy recordada como "de los cristales rotos", oficialmente para el III Reich se trató de "arrebatos espontáneos".
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