La historia de un gaucho justiciero que produjo el milagro
*Ya conociste a la Difunta Correra. Hoy es el turno del Gauchito Gil, según dicen, el santo profano más venerado del país.
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La soledad y el aislamiento del litoral argentino se transformaron en terreno fértil para la proliferación de toda clase de mitos. Leyendas y santificaciones populares pueden verse plasmadas en las festividades y en el santoral de los pueblos. Uno de estos santos paganos es el Gauchito Gil. Con sólo nombrarlo se despierta la fe de sus devotos.
Para María Rosa Lojo, autora de “Cuerpos resplandecientes, santos populares argentinos”, el culto de Antonio Gil Núñez es el más extendido del país. Según explica la escritora a minutouno.com, en los últimos quince años se multiplicaron sus altares y sus devotos, desde las Cataratas del Iguazú hasta la Tierra del Fuego. Pero su origen es por cierto, antiguo.
No existe una única versión de cómo vivía, pero se sabe que nació en la zona de Corrientes entre 1830 y 1870. En esos años en la provincia había un enfrentamiento político entre los azules y colorados (Gil pertenecía a los colorados, por eso se ven las banderas rojas en su santuario).
Cerca del 1850 ambos bandos se enfrentaron en las batallas de Ifran y Cañada del tabaco y es por eso que el coronel azul Juan de la Cruz Salazar citó a todos los hombres posibles para librar esas batallas, haciendo lo mismo con Gil. Fue entonces cuando el gaucho dijo que no había que pelear entre hermanos y no se presentó a la convocatoria.
En esa época, la deserción se pagaba siendo degollado o fusilado. “Se convirtió en un desertor ‘cuatrero fugitivo y hombre de Dios’ y sobrevivió escondiéndose en los esteros del Iberá. A pesar de su pobreza, no dejaba de repartir con otros necesitados aquello que conseguía en sus robos. Finalmente fue prendido y ejecutado sin más trámite en camino al lugar donde tendría que haber sido juzgado”, expresa Lojo.
Pero la verdadera leyenda comienza con su asesinato. Dirigiéndose al que lo iba a matar, el Gauchito pronunció sus últimas palabras: “Cuando vuelvas a tu casa, encontrarás a tu hijo muy enfermo pero si mi sangre llega a Dios, juro que volveré en favores para mi pueblo”. Acto seguido, obedeciendo la voz de mando, el soldado le cortó el cuello.
Varios días después, cuando todos ya habían olvidado al Gauchito, el soldado que lo había matado volvió a su casa y encontró a su esposa desesperada porque su único hijo estaba muy enfermo. En ese instante recordó las palabras de Gil. Entonces volvió al lugar donde lo habían matado, enterró el cuerpo y le rogó al Gauchito por su hijo. Cuando volvió a su casa, al amanecer, encontró a su niño sano.
Mañana en minutouno.com, la historia de Gilda, la dulce maestra jardinera que cambió el guardapolvo por la minifalda para insertarse como artista en el mundo de la movida tropical y años después (en pleno apogeo) murió de una manera trágica, convirtiéndose en la santa de la bailanta.
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