Más de la mitad de las condenas registradas durante 2007 recayeron sobre adolescentes, y la franja mayor se registra en jóvenes de entre 18 y 19 años, según cifras oficiales.
El 52,29 por ciento de las condenas globales en todo el país fueron protagonizadas el año pasado por adolescentes de entre 16 y 25 años, de acuerdo con una estadística elaborada por el Registro Nacional de Reincidencia, organismo que depende del Ministerio de Justicia de la Nación.
Los datos estadísticos indican que las sentencias para los adolescentes de 18 años fueron 1.325 durante el año pasado, cifra que representa un 9,77 por ciento, mientras que 1.055 las protagonizaron los de 19 años, con un 7.78 por ciento.
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A su vez, el trabajo elaborado por la Dirección Nacional de Reincidencia indica que las condenas para la franja de adolescentes de entre 18 y 20 años fueron el año pasado 3.319 que se distribuyen en 1.580 condenas condicionales, 1.557 condenas a cumplir, 111 compurgadas con prisión preventiva, cinco prisiones en suspenso con multas y 65 prisiones en suspenso con inhabilitaciones.
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Además, de los 3.319 condenados 140 resultaron ser mujeres, mientras que del total global sólo dos jóvenes menores de 20 años acreditaron estudios universitarios y 22 fueron declarados analfabetos.
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En tanto, 20.000 son los chicos alojados en predios del Estado, de los cuales apenas el 13 por ciento permanece aprehendido sospechado por diversos delitos, mientras que el 87 por ciento permanece encerrado por causas asistenciales o de protección sin haber cometido ningún delito.
En ese sentido, el titular del Centro de Estudios para la Nueva Mayoría, Rosendo Fraga, señaló que "el 88 por ciento de los menores que entran a institutos de menores lo hacen porque están en situación de abandono".
"Sólo el 12 por ciento entra a estos lugares por participar en delitos, pero la realidad es que el 60 por ciento sale y delinque", agregó Fraga en declaraciones a Diario Popular.
Por su parte, las investigadoras sociales Claudia Krmpotic, del CONICET e Ivonne Allen, de la Universidad La Matanza, señalaron que "el desempleo en jóvenes sin paso por el sistema educativo formal es resuelto a través de un trabajo sucio que suele darse en las calles o en espacios desprotegidos".
"La vida que llevan los acerca al delito y a una vivencia de la muerte que les es bastante familiar y cotidiana. Asimismo, resultan víctimas de malos tragos, abuso sexual y diversas formas de sometimiento", concluyeron.
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