Nápoli, el origen del dolor
Es inevitable… la historia de un ídolo suele estar plagada de escándalos y capítulos oscuros. Y si de ídolos hablamos, qué decir
minutouno.com repasará a lo largo de esta serie
El paso de Diego Armando Maradona por el equipo del Nápoli fue, en término futbolísticos, muy exitoso. Sin embargo no todo fueron scudettos y copas, al mismo tiempo que el Diez ganaba trofeos y hacía decenas de goles, su vida personal se opacaba ostensiblemente.
La mafia napolitana y Maradona
Uno de los hechos bochornosos en los cuales se lo vinculó tiene que ver con las apuestas ilegales. En la temporada 87/88 el Nápoli, a poco de terminar la Liga Italiana y luego de haber ganado más del 80 por ciento de los puntos en juegos, perdió un partido decisivo contra el Milán (para que éste se quede con el torneo).
A raíz de esto no fueron pocos los que acusaron al equipo del sur de Italia de “arreglar” el campeonato en el final debido a las fuertes presiones de los mafiosos que manejaban las apuestas clandestinas. En ese contexto, muchos jugadores, en especial Maradona, fueron relacionados con la camorra.
“Aparecieron unas fotos en el diario Il Mattino, y también en otras revistas fotos mías con Carmine Giuliano, al que acusaban de ser el líder de uno de los grupos camorristas. Reconozco que era algo atrapante ese mundo, lo reconozco”, confesó en el libro “Yo soy el Diego de la gente”.
“A mí me ofrecían ir a los clubes de fans, me regalaban relojes, ésa era la relación que tenía”, agregó. De todas maneras nunca se pudo comprobar si efectivamente había incurrido en un delito.
Para éstos años los medios de comunicación italianos ya habían descubierto al 10 en varios boliches y ya revelaban las “escapadas” que hacía noche por medio, entre goles y gambetas.
Un hijo no reconocido
Pero las sospechas de su vinculación con la mafia no fue lo único que lo aquejó por éstos años. Además, casi por casualidad, el Diez conoció a Cristiana Sinagra, una sensual profesora de gimnasia.
Así, producto de una fugaz pero intensa relación, el 20 de septiembre de 1986 ella dio a luz a Diego junior. Paradójicamente en esa época Maradona acababa de enterarse de boca de su mujer, la eterna Claudia (Villafañe), que tendrían a su primera hija, Dalma.
Si bien el astro del fútbol nunca quiso hacerse una prueba de ADN, la justicia italiana reconoció en 1995 a Diego junior como un hijo legítimo del ex capitán de la selección argentina.
A partir de esta medida, Maradona estuvo obligado a pasar una cuota alimentaria hasta la mayoría de edad de su hijo.
Nápoles: un camino de ida a las drogas
Si bien Maradona había comenzado a consumir estupefacientes cuando jugaba en Barcelona como “un entretenimiento” (según expresó él mismo), su llegada como ídolo a Nápoles le sirvió de puente para seguir unido a las drogas.
De esta forma, el capítulo negro de su estadía en Europa recién comenzaba. Luego del Mundial de 1990, en el que Argentina eliminó a Italia por penales (incluido un gol del 10 que gritó con alma y vida), Diego volvió al Nápoli.
Sin embargo en el ámbito futbolístico no le iba mal: el equipo ganó la Supercopa de Italia en diciembre de 1990. Todo parecía bien en su vida hasta que el 17 de marzo de 1991 en un partido ante el Bari por la liga, Maradona fue sorteado para realizarse el control antidoping.
Cinco días mas tarde en el Laboratorio Antidoping de Roma el análisis dio positivo, revelando metabolitos de cocaína, exactamente, cuarenta nanogramos de milímetros. Trece días más tarde la contraprueba confirmó el veredicto.
La desazón y el escándalo pasaron inmediatamente a la portada de los diarios más importantes del mundo. ¿El ocaso de una brillante carrera se avecinaba?
“En el momento de reintegrarme al Nápoli supe que nada iba a ser como entonces. Tenía esa sensación de que me querían embocar. Que por alguna u otra razón la vendetta iba a llegar. Y así fue, fue mi sentencia... Y en eso apareció el famoso doping”, confesó tiempo después.
“Fue una maniobra, lo juro. Porque yo tenía el problema con la droga, si, pero por eso mismo me hacía análisis. Y aparte de que la cocaína no sirve para jugar - no sirve porque te tira para atrás y no para adelante - me cuidaba, me hacía análisis propios. Nada, igual, me devolverá los años de fútbol que me hicieron perder... Nada", agregó en ese entonces y con la irreversible sanción en su contra en su mano.
La sustancia que encontraron los médicos italianos no fue otra que cocaína. El eterno problema del 10 con sus adicciones, en especial a las drogas, se hacía visible. A partir del doping positivo, la Federación italiana le aplicó 15 meses de sanción de cumplimiento efectivo.
Otra vuelta a la Argentina
Ante la situación de suspensión, y luego de haber apelado en vano, Diego volvió a nuestro país el 1 de abril. Lejos de alejarse de los escándalos, 25 días después de su regreso la Justicia allanó el departamento que tenía Maradona en Caballito y encontró diversos tipos de drogas. La pesadilla estaba empezando.
Deprimido, supuestamente debía comenzar una rehabilitación (sí, ya en ésos años debía rehabilitarse) a pedido de la justicia argentina.
El 1 de Julio de 1992 se vencía la suspensión de 15 meses impuesta por la FIFA y el pase todavía lo tenía Nápoli, club que lo quería de regreso. Pero Diego no quería regresar a Italia y mantuvo conversaciones con Sevilla y Olympique de Marseille para sumarse a alguno de los equipos.
Finalmente el diez arregló un contrato con el Sevilla, donde fue dirigido nada menos que por Carlos Salvador Bilardo.
“Me despedí del Napoli con un gol a la Sampdoria, el 24 de marzo, un gol de penal. Pero me fui de Italia empujado como un delincuente... Y ésa no es la mejor síntesis de mi historia allí, seguro que no lo es”, reflexionó años después.
Se cerraba una etapa que, lejos de ser sólo de campeonatos, fama y dinero, también lo encontró en el amanecer de sus escándalos más polémicos.
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