Dos años del papa Francisco: ¿somos una sociedad religiosa?
En una época donde el secularismo, el descreimiento de los grandes relatos y los avances científicos son verdaderos paradigmas, llama la atención que una figura religiosa como lo es el Papa Francisco sea capaz de generar semejante repercusión a la vez que ostente una popularidad y una imagen positiva envidiada por políticos y artistas del mundo entero. ¿Esto significa que entonces la religiosidad no ha desaparecido si no sólo que se ha retraído hasta la aparición de un líder fuerte y carismático? ¿Acaso somos una sociedad religiosa?
De esta manera es que encontramos la emergencia del New Age, la explosión de todo tipo de horóscopos, tarots y prácticas similares que recurren al pensamiento mágico y que hacen referencia a experiencias sobrenaturales y de dudoso rigor científico, a la vez que recuperan elementos de las religiones sin por ello adherir en un cien por ciento a sus doctrinas. En este sentido, se configura una cierta fe "kitsch" en donde se ha pasado del "no creo en nada" moderno al "creo en todo lo que me haga bien" posmoderno.
Por supuesto que estos análisis pretenden mostrar tendencias y no eliminar o dejar en el ostracismo a sectores que, o bien permanecen en la profesión de alguna de las religiones tradicionales o bien se alejan de todo tipo de creencias religiosas encontrando así diversos estratos entre los que se encuentran quienes creen en la existencia de un ser superior pero consideran que no deben por ello estar incorporados a algún tipo de institución, quienes aceptan que podría llegar a existir un Dios pero que permanece indeterminado y quienes consideran directamente que no existe tal Dios ni ningún otro ser superior al ser humano.
Ahora bien, en estas distinciones de creencias (más no de seres humanos) se pone en juego la cuestión de la fe. ¿Cómo entender la fe? ¿Como un sentimiento? ¿Como un conocimiento pre-reflexivo? ¿Como un don? Sin lugar a dudas el tema de la fe ha sido objeto de innumerables reflexiones y análisis tendientes a descubrir qué es y de dónde surge esta esperanza en la existencia de un ente superior que no podemos comprobar con los sentidos; esperanza que ha atravesado toda la historia humana. Es decir, los seres humanos hemos sentido casi desde siempre una atracción por lo sobrenatural y una necesidad de buscar si hay algo más allá de nosotros y de creer en ello.
Quizás sea por esta "curiosidad" que nos hemos sentido históricamente atraídos por lo religioso, ya sea para adherir a él o para combatirlo, porque nunca nos ha resultado un tema indiferente. También quizás tenga que ver con la conciencia de nuestra muerte y la necesidad de saber si vivir tiene sentido alguno o no.
No obstante ello, las instituciones religiosas han sufrido en los últimos tiempos una crisis de confiabilidad, influida por errores propios y por la ruptura de la fe en los grandes relatos que trajo la posmodernidad; incluso se puede observar una constante secularización de la sociedad que busca desplazar desde el espacio público hacia el espacio privado los símbolos religiosos. Por todo esto es que el fenómeno Francisco, líder de la Iglesia Católica, llama tanto la atención. Su popularidad, su aceptación y su buena concepción son masivos (por supuesto que también existen sus detractores), como si la fe en el catolicismo y en la cristiandad nunca hubiera mermado si no sólo estuviera esperando a un buen dirigente, con gestos claros y palabras concisas, con la mirada puesta en la periferia y utilizando el poder como medio y no como fin.
Con la llegada de Francisco pareciera como si hubiese llegado el Papa que todos estábamos esperando; pero si hemos decidido desconfiar de las instituciones ¿por qué seguíamos esperando un Papa? ¿Cómo debemos entender que al mismo tiempo suceda la tendencia a la secularización y el estallido mediático del catolicismo? Pero no conformes con estos cuestionamientos, podemos excavar aún más profundo y preguntarnos: ¿acaso hay un reflorecimiento de lo religioso o lo religioso nunca se fue? ¿Por qué queremos tanto creer en algo? ¿Será que la vida es algo más que esto que podemos ver con nuestros ojos?
Por Federico Emmanuel Mana
Licenciado en Filosofía
@fede_mana
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