¿Hay límites para el humor?
Generar la risa mediante la acción de resaltar defectos, imitar o exacerbar rasgos característicos de una persona o institución es una práctica antiquísima que no sólo tiene y ha tenido la intención de alegrar a las multitudes, sino también la de manifestar fuertes críticas al orden establecido y al poder imperante. Ahora bien, ¿debe haber algún límite para el humor?
Ahora bien, la pregunta es inevitable, ¿todo ha de ser susceptible de ser reído? Responder esta cuestión es algo sumamente delicado. Manifestar los límites del humor puede conducirnos a la censura, a pretender decir sobre lo que se puede pensar y lo que no, a dejar fuera del pensamiento crítico algunas dimensiones de la vida que quedarán cristalizadas, fosilizadas y factibles de ser impuestas rígidamente. Sin embargo, sostener que no han de existir límites para el humor nos puede llevar a perder todo respeto por los dolores humanos, a olvidar el derecho del otro a no ser lastimado en pos de nuestra búsqueda inescrupulosa de la risa.
Entonces ¿existe una respuesta? La crítica política, la observación de los defectos de las instituciones humanas que tienden a cercenar la libertad de los sujetos sociales deberían ser tanto un derecho como una obligación. Pero tal vez haya que tener en cuenta la escala de valores que confecciona Max Scheler, en donde se colocan a los valores de lo santo y lo profano en lo más alto. Es decir que este autor sostiene que atentar contra lo que una sociedad considera como "santo" (valor que no ha de ser sólo religioso) es el peor acto moral que pueda llevarse adelante; por ejemplo, nadie aceptaría como gracioso en nuestro país un chiste sobre los desaparecidos.
En conclusión, el humor puede ser un arma efectiva tanto para denunciar los males de una época como para socavar las bases de un poder instituido (pensemos en el rol de "Tía Vicenta" en el derrocamiento de Arturo Illia). Establecer límites es una cuestión conflictiva, más en una época donde "límite" pareciera ser tomado como antónimo de "libertad"; no obstante nadie debería poder limitar nuestro derecho a la reflexión, a la denuncia, a la aspiración de una sociedad mejor.
"El hombre sufre tan terriblemente en el mundo que se ha visto obligado a inventar la risa" dijo Nietzsche; sin embargo la risa que sólo busca ofender al otro, tal vez no haga más que aumentar el sufrimiento.
Federico Mana
Licenciado en Filosofía
@fede_mana
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