Paros, demoras y apagones: desventuras de un usuario
*Que la gente viaja mal no es una novedad. Pero tal vez no todos saben la odisea por la que tuvieron que pasar millones de personas por estos días de fuego, paro y cortes de luz.
*Aquí, el relato de una mujer que debe viajar dos horas para llegar a su trabajo y que el martes, cuando ardió Constitución, y ayer, cuando se silenciaron los subtes, tuvo que pasar por cuanto medio de locomoción se le cruzara para poder cumplir con sus obligaciones.
Cuando las cosas pasan, pasan todas juntas. Bien podría ser una de las conocidas leyes de Murphy. Pero no. Es el manifiesto que predominó, en los últimos días, en la vida y en los actos cotidianos de muchos argentinos.
Agustina Dorado es una de ellos, pero es solo un ejemplo. Ella, que vive en Longchamps, al sur del Gran Buenos Aires, jamás pensó que en la misma jornada se quedaría incomunicada: sin tren, sin luz, sin subte. Primero fueron los destrozos en Constitución y luego el paro de subtes y después el apagón. Gracias a eso, Buenos Aires colapsó y Agustina vio como su vida se complicaba gravemente. Como si fuera parte de una conjunción astral (o gremial) todo eso le pasaba en tan sólo 48 horas.
Agustina trabaja en una casa de familia. El dinero no le sobra, eso está claro. Tiene dos hijas y un marido, con ellos vive. Desde su casa, de la que sale a las 6 de la mañana, hasta su trabajo en Belgrano, del que se retira a las 17, tiene casi dos horas de viaje, una hora 40 minutos si todo funciona bien; es decir, sin demoras ni paros ni cortes de luz.
“El martes, llego a Constitución a las 17.40 y todo parecía tranquilo. Hasta que me dicen que no andaban los trenes. Pensé que era un accidente y esperé un rato. Pero a la media hora me dice que salía del andén 4 y al final no pasó nada”, cuenta Agustina, entre risas irónicas e indignación.
Pero la odisea continuó: “En Plaza Constitución dijeron que no sabían el horario. Hacía una hora que estaba esperando. Hasta que se armó todo el lío y como no se podía viajar en colectivo porque era imposible me volví a la casa de un sobrino, en Palermo, y me quedé a dormir ahí”.
Después, al otro día, Agustina viajó gratis en tren y se tuvo que bancar las demoras. Pero al menos pudo viajar. Llegó el jueves y con el día comenzó el paro de las cinco líneas de subtes. “Llegué con 15 minutos de atraso a Constitución… voy a tomar el subte y todo estaba cerrado. Tomé el colectivo y llegué media hora tarde a mi trabajo. A la vuelta salí un poco más temprano (16.30) para que no me agarre la hora pico. En colectivo desde Belgrano a Constitución tardé una hora 10 minutos. Esperé el tren, que estaba demorado. A mi casa llegué a las 19.30”.
“Al volver a Longchamps no tenía luz. Entonces me voy a dormir. Cuando me levanté la luz había vuelto pero al salir de casa se corta de nuevo, y en todo el barrio; a las 6 todavía está oscuro y tengo que caminar hasta la parada del colectivo que me lleva a la estación para tomar el tren”, recuerda. Según su relato, todo el barrio estaba sin luz, y al llegar a la estación perdió el Roca "Se me escapó por poco". El próximo pasó una hora más tarde; lo esperó desde las 6.15 hasta las 7.15.
Claro, ante semejantes complicaciones para viajar de una punta a la otra, una buena tenía que haber: viajó gratis. Como las boleterías de Constitución están fuera de servicio, por el momento, quienes viajen de Capital hacia el sur del Gran Buenos Aires lo hacen gratis.
¿Qué recorrido debe hacer Agustina todos los días? Un colectivo, un tren, un subte más combinación y a veces otro colectivo. Dos horas de viaje, si no más, para ir del trabajo a su casa y de su casa al trabajo. Pero si eso no funciona y hay que agregar algún medio de locomoción, todo se complica. Y no es sólo ella. Agustina Dorado es apenas una representante de las millones y millones de personas que viajan mal, aunque los servicios funcionen “bien”.
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