Pasó en General Rodríguez, pudo pasar en cualquier otro lado

Sociedad

Fue a las 8 de la mañana, un ladrón robaba stéreos en la calle Brown al 600. Lo hacía sin armas, con la típica metodología de abrir, piedra mediante, el ventilete de los autos.

La secuencia fue advertida por tres vecinos de la cuadra. Uno de ellos era dueño de uno de los autos. Ahí decidieron ir por el ladrón. Empezaba la cacería.
Los tres vecinos alcanzaron al ladrón y lo derribaron.
Uno de ellos, que no había sido víctima del robo del stéreo de su auto, se tiró encima del ladrón, sacó un arma calibre 9 milímetros y lo atacó con la culata del arma. Así, a culatazos, le causó la muerte.
El imputado del crimen no escapó del lugar y quedó preso.
El fiscal lo acusó de "homicidio simple", un delito que tiene penas que van de 8 a 25 años de prisión.
¿Es cierto que hubo un robo?: sí. ¿Es cierto que fue sin armas?: sí. ¿Es cierto que el vecino actuó de forma desmedida y mató a ladrón?: sí. ¿Es cierto que tenía otra opción?: sí.
Es más, la defensa podría alegar: si hubiese querido matar al asaltante, hubiese disparado con el arma, y no le hubiese pegado golpes con la culata del arma.
Que uno sea víctima de un robo, no lo faculta a matar.
La ley mide el daño que te causan y lo compara con el que vos causas.
En este suceso, ni siquiera se darían los extremos de un exceso en la legítima defensa. El ladrón no habría golpeado siquiera a la víctima. Armas no tenía.
Ahora, la defensa podía alegar que se trató de un homicidio preterintencional. Es decir, la defensa del comerciante podría alegar: "quiso pegarle al ladrón, pero no matarlo".
Por ahora, el comerciante seguirá preso. Legalmente, nada justifica su acción.

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