Ser trans antes y después del COVID 19

Sociedad

Derecho a trabajar. Estas tres palabras sintetizan el mayor anhelo de justicia social con el que sueña, vive y lucha el colectivo trans/travesti en los últimos tiempos.

Porque sueños no nos han faltado, al contrario, vestimos de colores y lentejuelas una tragedia que no buscamos, pero que por nuestra elección identitaria nos vimos condenadas a vivir. Pero eso sí, la hemos vivido con dignidad y con orgullo.

No queremos ser víctimas de la mirada compasiva, ¡Queremos igualdad!

La lucha por nuestros derechos define nuestras vidas, porque al no haberlos tenido la sed es intensa, la tristeza honda y la fuerza enorme.

Deseábamos nuestro derecho a ser llamadas por el nombre que elegimos, sí, deseábamos derechos...

Y parecía que ese era el fin de la lucha por nuestra igualdad, pero en un mundo hetero patriarcal solo fue el principio.

El desafío ahora es el acceso pleno a todo lo que por derecho nos merecemos: educación, salud, vivienda, trabajo.

Hemos perseverado tanto que algunas se les ha ido la vida empujando el carro del destino. Estuvimos presentes en todos los escenarios de luchas colectivas, en la defensa de sus reivindicaciones, conteniendo la oleada neoliberal que venía contra nuestro pueblo. Nuestros pies tienen tanto barro como los del primer trabajador. Amamos la vida y amamos a nuestra Patria.

Y aquí estamos en un nuevo “Dia del Trabajador y la Trabajadora”. La mayoría de nosotros hacinadas en hoteles de cuarta pero pagos como si fueran de primera, pasando necesidades y esperando una bolsa de alimentos que intenta contener una dignidad que se escapa como el agua entre los dedos, pero estoicas, ilusionando con tiempos mejores y con manjares elegidos.

Ya sabemos, a la mayoría del pobrerío le pasa lo mismo. Y nos duele...

Por eso desesperadas y desafiando a los virus y a los permisos, corremos en auxilio para dividir el único pedazo de pan en cuantas bocas sea necesario.

Porque quien ha tenido hambre jamás come sola.

Nos estigmatizaron al atacar el único medio que nos brindó sustento.

Del trabajo sexual comió y come más del 85 % de nosotras, por opción u obligación es y fue nuestra forma de ganarnos la vida.

Las nuevas generaciones de clase media o alta, cuya transición fue después de 2012, viven de otra forma, acceden a otras posibilidades.

Mientras tanto las pobres corren el mismo destino que sus antecesoras.

Si el derecho es para pocos no es derecho sino privilegio, pero aun en ese modesto privilegio la estigmatización está presente a modo de acoso, burla o denigración.

El Covid-19 desnuda la realidad del colectivo trans/travesti y muestra un panorama casi imposible de sobrellevar sin que se piense en una solución duradera.

Lo que se preserva en un estado de derecho son las leyes.

Los planes sociales son un paliativo a lo inmediato, son necesarias políticas públicas que preserven la vida para las que están y para las que vienen. Como dijo nuestro presidente Alberto Fernández, es hora de “empezar por las últimas para llegar a todas”.

Que somos las últimas no cabe duda. Solo hay que recordar que en nuestro país el único núcleo poblacional que tiene un promedio de vida de 35 años es la población trans/travesti

Donde hay una necesidad nace un derecho. Aquí hay muchos derechos por cumplir y uno por garantizar.

Llegó la hora.

Cupo Laboral Trans/ Travesti ya!