Por qué "Bailando" representa el sálvese quien pueda y los valores del menemismo
- El éxito descomunal del programa de Tinelli y los personajes que transitan por él, ponen en el centro del debate a la televisión que estamos mirando.
- ¿Qué tiene que ver el baile del Koala con la degradación de los argentinos?
- En diálogo con minutouno.com, el ensayista e historiador Alejandro Horowicz analiza la situación y aporta miradas reveladoras.
El fenómeno de rating que generó “Bailando por un sueño” trajo como consecuencia que varios personajes menores e irrelevantes adquirieran un nivel de exposición que de ninguna otra forma hubiesen conseguido. En minutouno.com nos proponernos encarar el fenómeno que supone un programa comentado y replicado por todos los medios y, más allá de hacernos eco de sus pormenores diarios, pensar qué dice ese éxito de los argentinos.
Para Horowicz si uno mira los productos que tienen éxito en la televisión, no es tan difícil distinguir los valores que se dan en la sociedad misma. "En Bailando por un caño no se construye ninguna historia. Es la historia de los que no pueden contar una historia. Es la historia de los que desprecian su propia experiencia. Es la historia de los que no pueden construir relatos de sus propias vidas. Allí se activa un dispositivo donde el valor pasa a ser disvalor. Cuando uno mira Bailando... ve cómo se puede transformar lo detestable en producción industrial", dice.
- ¿Cuál es la diferencia del programa de Tinelli con otros concursos de baile o de canto como American Idol?
- ¿Cuál sería el perfil del público de este tipo de programas?
- En Bailando aparecen dos sujetos: uno es el que se somete a la burla y prefiere ser burlado pero estar en el espacio público, aparecer en la televisión; el otro es el que mira al burlado desde la casa. En realidad no se diferencian en los valores. En este sentido son iguales: ambos están naturalizando estos disvalores como valores.
- ¿Es exagerado hablar de descomposición cultural en un caso como este?
- El trabajo es el primero de los valores porque hace posible a todos los demás y garantiza las calidades de la diversión y la cultura. Lo opuesto al concepto “trabajo”, es la idea ingenua de que es posible consumir sin trabajar. Y esto es socialmente posible para algunos. Pero en el momento en que esto se vuelve el objetivo de la mayoría es cuando que la cultura está en descomposición. En este sentido, la televisión es la instantaneidad a través del rating que necesita 30 puntos pero ya no quiere trabajar por ello si se puede conseguir de otras maneras.
- Ahora bien, ¿hay un público para algo que se diferencie de esta tendencia?
- La falta de un conjunto de valores está vinculada a la falta de un público. Es decir, a (Jorge Luis) Borges se lo compra pero no se lo lee. Es prestigioso hablar de él pero no se lo lee. En este contexto, la decadencia cultural es muy curiosa ya que da cuenta de una incapacidad social para reconocer, por ejemplo, pintores o poetas jóvenes que no son conocidos pero que tienen un enorme talento.
- Ante este panorama ¿hay posibilidad de cambios reales y duraderos?
- Creo que hasta el guionista de Gran Hermano no tiene un gran poder de transformación. El límite de lo que puede plantear está determinado por esa instantaneidad. Pero no existe un público que reclame. Entonces, la televisión es pobre no sólo porque los contenidos son pobres, sino porque no permite introducir nuevos contenidos. Para que exista una cultura de alta calidad tiene que haber un público de alta calidad. En la Argentina de hoy hay una renuncia absoluta a crear este público de excelencia.
Lo cierto es que, por más fuerte que suene, el avance de la degradación cultural es imparable y en uno de los espacios que se vuelve más visible y grotesco es en el de la televisión. Y, ante esto, no parece existir, por ahora, un público que se rebele. Que apunte su control remoto y decida por otras opciones.
“Lo que existe es una convicción conservadora que tiene que ver con aceptar pasivamente lo que la sociedad es”, explica Horowicz.
“La Argentina, como sociedad, cree que no puede cambiar nada. Por eso lo que veo es una televisión que marcha hacia una crisis irreparable”, concluye.
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