Puerta 8, lejos del foco de las cámaras y sin respuestas a un año de la tragedia

Sociedad

A un año de la tragedia con la droga adulterada, que se cobró la vida de 24 personas y hubo más de 80 afectados, para los vecinos de Puerta 8, nada cambió.

Hace casi un año, más exactamente el 4 de febrero de 2022 por la tarde, comenzó a circular la noticia que una veintena de personas había muerto por consumir cocaína adulterada con fentanilo, los reportes venían de los hospitales Castex, Bocalandro y Thompson, del oeste de la provincia de Buenos Aires.

Luego se escuchó al inefable ministro de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires, Sergio Berni, aconsejar, con buen tino, que todos los que habían comprado cocaína en las 24 horas previas a la intoxicación masiva "la descartaran". Con el pasar de las horas se supo que la droga había salido del barrio bonaerense de Puerta 8.

En ese entonces, salvo sus habitantes, pocos sabían que Puerta 8 existía, pero en cuestión de horas todos los ojos y las cámaras se posaron allí. Hasta se derribó un supuesto "bunker" en vivo y en directo, que los propios vecinos te aseguraban que ahí no estaban los narcos.

Porque los primero que estaban interesados en que eso se termine, en medio del gran dolor por la perdida de sus familiares o conocidos, y el miedo, eran y son ellos, los vecinos.

A un año de que murieran 24 personas por consumir cocaína adulterada con fentanilo, no hay detenidos, mientras que toda la investigación apunta a gran jefe narco de la zona Miguel Ángel "Mameluco" Villalba, que se encuentra detenido en el penal federal de Rawson, y a su hijo Iván Villalba, alias Salvaje.

Mientras tanto, en el barrio del fondo de Tres de Febrero nada cambió, las cámaras se fueron, la violencia se intensificó, la droga está más presente que nunca y los vecinos siguen siendo rehenes y víctimas de la desidia del Estado.

Qué pasó hace un año en Puerta 8

Dónde está Puerta 8

Puerta 8 no existe hace cinco o nueve años, como se dijo cuando su nombre estaba en "auge", sino que el barrio está ahí desde hace por lo menos cinco décadas. No te gastes en buscar, no aparece en el Google Maps ni en Waze.

Es uno de los 4.416 barrios vulnerables y asentamientos registrados por el Ministerio de Desarrollo Social y que viven unas 190 familias, pero como los vecinos afirman “acá somos muchos más”.

Está ubicado en la localidad de Loma Hermosa, es sólo una manzana, tres entradas y un par de pasillos angostos en el medio. Limita con los barrios Churruca, Libertador y 11 de Septiembre, lo que se conoce como el fondo del partido y quizá por eso también de los más postergados. Por allí pasan miles de personas todos los días ya que está a la vera de la Ruta 8 y el Camino del Buen Ayre. De un día para el otro, su nombre salió del ostracismo por una tragedia preanunciada por los vecinos del barrio que nadie escuchó.

Minutouno.com se metió donde no entran los patrulleros ni las ambulancias. Donde ningún periodista pudo entrar ni, creemos, podría ingresar a partir de ahora. “En el medio de la villa”, el lugar en el que hay otras normas, en un Estado aparte.

puerta 8

La llegada de los narcos y el miedo: Yo soy de Puerta 8, ¿vos de dónde sos?

“Yo hace más de 45 años que vivo acá y el barrio ya existía, eran pocas casas pero existía”, rompe el hielo uno de los presentes en diálogo con minutouno.com, que accedió a dar su testimonio siempre y cuando se reserva su identidad. “Acá nos conocemos todos y pensamos todos igual”. La idea se repite en todos los testimonios de los vecinos recolectados en más de una hora de charla.

Una de las características de Puerta 8 es que sus vecinos están organizados, “acá tenemos luz y agua, la urbanización la conseguimos nosotros”.

“En el transcurso de los años el barrio era tranquilo, hubo delincuencia y drogas como en cualquier otro lugar. Los chicos antes tenían la libertad de ir a la plaza o de jugar en los pasillos. Nosotros en verano nos sentábamos en la vereda a tomar mate, para las fiestas cortábamos la calle y nos juntábamos, pero en estos últimos años se desató el desastre”, se lamentan anhelando volver a aquella realidad. Desde lejos se escucha: “¿Sabés lo que sería volver a organizar el corso y las murgas?”.

Puerta 8 por dentro
Festival en la iglesia del barrio, en el año 2015.

Festival en la iglesia del barrio, en el año 2015.

Puerta 8 por dentro
Foto actual.

Foto actual.

Es un monstruo grande y pisa fuerte

La llegada del “monstruo” afectó el día a día, la cotidianidad y la rutina. El monstruo es el narcomenudeo. Lo que los hizo tristemente célebres. Como en “Sólo le pido a Dios” de León Gieco, pisó fuerte sobre la inocencia de la gente.

“El barrio dejó de ser seguro para nosotros que vivimos acá. Cuando era chica y llegaba a la Ruta 8 me sentía segura porque era mi lugar y ahora tengo miedo de entrar a mi propio barrio porque son caras de personas que nunca había visto. Esta situación se agravó en la pandemia porque mientras nosotros nos resguardábamos de la enfermedad la zona se liberó”, señalan.

Los vecinos de Puerta 8 dejan en claro que su principal premisa es escapar de la estigmatización y el prejuicio que dejará un caso con tanta relevancia mediática como es de la cocaína adulterada. “Nuestro barrio no es lo que dicen los medios. No queremos que Puerta 8 sea conocido por la droga”, ruegan.

“El 90% de los vecinos nos levantamos a las 4 de la mañana para trabajar y sufrimos robos de los mismos que entran a comprar. Acá viven bomberos, policías, enfermeras, maestras, auxiliares de escuelas; la mitad de los jóvenes trabaja en el frigorífico”, te lo cuentan porque están acostumbrados a tener que explicar algo que si vivís en, por ejemplo, Palermo no es necesario.

Esa ‘gente’ ni la droga son de acá, no sabemos de dónde salieron”, insisten.

Los medios también están en la mira: “Ustedes se van a ir”, dicen poniendo a minutouno.com como el sujeto que representa al periodismo y “nosotros nos vamos a quedar”, lanzan denotando que su intención es seguir luchando para que Puerta 8 sea lo que fue sin la mínima intención de retirarse del lugar en el que fueron felices. Porque sus reclamos son los que realiza cualquier ciudadano de cualquier punto del país: salud, educación, seguridad, trabajo y progreso.

En un país con más de la mitad de los habitantes por debajo de la línea de la pobreza, la empatía no suele ser parte de la Canasta Básica.

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