Quién fue San Valentín: el sacerdote mártir que desafió a un emperador romano por el amor
Hoy, Día de los Enamorados, muchos envían flores, mensajes y gestos cariñosos sin detenerse a pensar en el origen de esta celebración.
San Valentín fue, según la tradición cristiana, un sacerdote y médico del siglo III que vivió en Roma. Existen varias leyendas sobre su vida y martirio: la más difundida cuenta que celebraba matrimonios en secreto en tiempos del emperador Claudio II, quien había prohibido las uniones para que los hombres jóvenes fueran reclutados como soldados. Al descubrirlo, Valentín fue arrestado y ejecutado el 14 de febrero, convirtiéndose en símbolo del amor y la resistencia ante la opresión.
Otra versión lo presenta como un obispo que protegió a los cristianos perseguidos y curó a la hija ciega de su carcelero, recuperando la vista y ganándose la conversión de varias personas antes de ser decapitado. Con el tiempo, la figura histórica se mezcló con prácticas paganas vinculadas a la fertilidad y a celebraciones de mitad de febrero en Europa, lo que facilitó la adopción de su festividad por la Iglesia.
En Argentina, como en buena parte del mundo, el 14 de febrero se transformó en una jornada comercial y afectiva: restaurantes, comercios y aplicaciones multiplican las propuestas para celebrar parejas, amistades y afectos. A la vez, crece la valorización de gestos simples y cotidianos: una carta, una llamada o compartir tiempo de calidad. Para algunos, la fecha remite a la obligación del consumo; para otros, es una oportunidad para reivindicar el amor en sus distintas formas y para recordar la valentía de quienes, como San Valentín, defendieron sentimientos humanos frente a leyes injustas.
Más allá de su historicidad imprecisa, San Valentín sigue siendo un símbolo: la unión, la empatía y el coraje de apostar por el afecto en tiempos adversos.
Además, el Día de los Enamorados también invita a reflexionar sobre el amor inclusivo: parejas del mismo sexo, amistades profundas y vínculos familiares que merecen reconocimiento y cuidado. Celebrarlo puede ser una oportunidad para fortalecer la comunicación, expresar gratitud y trabajar en relaciones más sanas y equitativas. En un contexto urbano como el argentino, donde la vida cotidiana a veces fragmenta los afectos, detenerse el 14 de febrero para cultivar la cercanía puede tener un efecto duradero más allá del gesto puntual.
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