Quince años sin Astor Piazzolla

Sociedad

El día que murió su padre no pudo llorar. Estaba de viaje y la noticia lo tomó por sorpresa, aunque nunca se está preparado para ese sufrimiento. Astor llegó a la Argentina se encerró y no quiso hablar con nadie. Dos horas después salió de la habitación, más desahogado y con una tango en la mano: había nacido Adiós Nonino, el tango en homenaje a su progenitor y que lo consagraría.

Hoy se cumplen 15 años de la muerte del hijo de Nonino, uno de los más grandes bandoneonistas del mundo. Hoy se recuerda la partida de Astor Piazzolla.

"Vas a ser algo grande, pibe...íTe lo digo yo! Pero el tango lo tocás como un gallego. ¿Te gustaría tocar conmigo? Quiero que grabes conmigo y actúes en una película que vamos a filmar...", fueron las proféticas palabras de Carlos Gardel a un Piazzolla, de apenas 11 años.

El compositor había nacido en Mar del Plata el 11 de marzo de 1921 y pasó su infancia en los Estados Unidos. Allí, en Nueva York, conoció a Gardel, a quien invitó a comer ravioles caseros en su casa. 

Gardel cumplió su promesa y el pequeño Astor actuó junto a él, personificando a un canillita en las primeras escenas de ’El día que me quieras’. Hasta aquí sus maestros habían sido el bandoneonista Líbero Pauloni y el húngaro Bela Wilde.

En 1938 se instaló en Buenos Aires, donde comenzó a frecuentar el ambiente tanguero, tocando en las orquestas más importantes, hasta que ingresó como bandoneonista y arreglador en la de Aníbal Troilo.

Permaneció seis años junto a "Pichuco" hasta que se abrió para encabezar la orquesta que acompañó al cantante Francisco Fiorentino, grabando varios discos para la discográfica Odeón, labor que continuó luego con cantantes como Héctor Insúa y Fontan Luna.

En 1954 viajó a París, donde cursó estudios de composición con Nadia Boulanger, maestra que él consideró decisiva para su carrera. Allí formó una orquesta de cuerdas con músicos franceses y el argentino Lalo Schiffrin al piano.

Ya con una gran influencia jazzera, regresó a Buenos Aires donde trabajó con Vardaro, Emilio Baralis, Jaime Gosis, Hamlet Greco, Juan Vasallo, José Bragatto y Jorge Sobral.

Entre 1958 y 1960 se instaló en Nueva York, trabajando como arreglador y dirigiendo su orquesta en el Waldorf Astoria. Fue en estas circunstancias cuando lo sorprendió la muerte de su padre.

En la década del 70 se reencontró  con Troilo y compuso algunas de sus mejores obras, como "Las estaciones", "Concierto para quinteto" y "Recuerdos de bohemia", junto a Leopoldo Federico, Antonio Ríos y Rodolfo Mederos.

Con Horacio Ferrer, su amigo poeta, compuso grandes obras, entre ellas la operita "María de Buenos Aires" y la canción "Balada para un loco", escrita para cumplir con un concurso y que se convirtió en un "himno" de la obra del bandoneonista.

Fueron muchas las piezas de Piazzolla que quedaron registradas a fuego en la mejor memoria de la música ciudadana: "Balada para un loco", "Libertango", "Milonga del trovador", "Verano del ángel", "Los pájaros perdidos", "Chiquilín de Bachín", "Contrabajísimo" y "Concierto para bandoneón y guitarra", por citar algunas.

El 4 de julio de 1992, luego de sufrir una larga agonía por un accidente cerebral que sufrió en 1990, Astor Piazzolla falleció en la ciudad de Buenos Aires.

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