Reabrió el Café de los Angelitos, ahora apuntando al turismo

Sociedad

Télam
Por Télam

  • La reapertura del bar, ubicado en la esquina de Rivadavia y Rincón, fue ayer por la noche.
  • Todos los días ofrecerá espectáculos de tango.

El Café de los Angelitos fue reabierto anoche, tras permanecer cerrado los últimos 15 de sus 117 años de historia, y brindará espectáculos de tango todos los días en la esquina de Rivadavia y Rincón, que durante el siglo pasado fue visitada por figuras notables como Carlos Gardel y Osvaldo Pugliese.

El bar, antes llamado Bar Rivadavia y punto de reunión de payadores, luego "malandras" y finalmente tangueros, vuelve a abrir tras haber sido cerrado en 1992 y demolido en 2000, con una función privada que hará de previa a la apertura general al público, hoy desde las 18.

Ubicado en Rivadavia 2100, en la zona de Congreso, a metros de la que fue la casa de Gardel -en Rincón-, el edificio duplicó su tamaño original, lo que le permitirá funcionar como bar las 24 horas del día y durante las noches como restaurante, con un espectáculo de tango.

El show, para el que se dispuso un escenario de 12 metros por 4 y en el que participarán 22 artistas, estará especialmente destinado al mercado turístico, con precios de entrada muy elevados para la clientela porteña: entre $250 y $450 pesos por persona, muy lejos de los $3,50 que costará el café.

La capacidad del bar fue ampliada para 250 personas y se lo remodeló con la premisa de mantener la estética tradicional porteña de principios del siglo XX, aunque con mayor ostentación: vitrales, bronces, cristales, mosaicos, dos cocinas y palcos,
entre otras cosas.

Junto a una muestra de 350 fotos que ilustran la historia del café, inmortalizado en un tango de Cátulo Castillo, Los Angelitos contará con un museo itinerante en el subsuelo, donde habrá muestras artísticas y una tienda de recuerdos.


Visitado durante más de un siglo por músicos, deportistas, políticos y poetas, Los Angelitos fue refugio primero de payadores, luego de escritores y malevos -de donde surge su irónico nombre-, hasta que se inclinó definitivamente por el tango y atrajo a Gardel, Pugliese y Aníbal Troilo, entre otros, junto a políticos como José Ingenieros y Juan B. Justo.

En enero de 1992 debió cerrar por motivos económicos y en 2000 fue demolido por el deterioro del edificio, y aunque las obras para la reapertura arrancaron en 2001, el resultado recién vio la luz ayer, tras una inversión superior a los dos millones de pesos, según informó la nueva gerencia.

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