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La ilusión de la espiral de Fraser se trata de un efecto visual en el que se observa una espiral que no existe y fue descripta por primera vez en 1908 por el psicólogo británico sir James Fraser. También conocida como la espiral falsa, o por su nombre original, la ilusión óptica del cordón retorcido.
Son varias las explicaciones para este tipo de ilusión óptica, sin embargo, la que prevalece es aquella según la cual, el cerebro, al ver movimientos que se dirigen hacia el centro, interpreta que las líneas blanquinegras también lo hacen.
En este test visual la superposición de arcos segmentados en blanco y negro aparenta formar una espiral; aunque en realidad los arcos son una serie de círculos concéntricos. La distorsión visual está producida por la combinación de un patrón de líneas regulares, los círculos, con partes desalineadas, los segmentos oblicuos de color blanco y de color negro confluyen en una ilusión óptica.
Aunque existe una gran diversidad de ilusiones, incluidas las táctiles, olfativas, auditivas y gustativas, las más frecuentes son las ópticas, pues, el sistema sensorial principal que se encarga de proveer hasta un 80 % de la información que llega hasta el cerebro es la vista.
Las ilusiones ópticas con distorsiones son muy comunes, ya que muchas personas las encuentran entretenidas y esta es una de las razones por la cuales este efecto se puede encontrar en pinturas, dibujos y fotografías, en los que se altera la proporción de las dimensiones para aparentar profundidad o distancia, o sea, tridimensionalidad, cuando en realidad las figuras son bidimensionales o planas.
Según Lazzari, en su estudio sobre los aportes de las ilusiones ópticas a diferentes campos del conocimiento, la ilusión de la espiral de Fraser es un claro ejemplo de cómo un ordenamiento ingenioso de datos visuales hace que la mente admita algo que no tiene existencia, dado que la figura no es una espiral en sí, sino una ilusión que se produce gracias a los segmentos de líneas con curvaturas ligeramente desviadas que conforman círculos concéntricos.
La serie de líneas cuya forma es de cuerdas trenzadas es lo que produce el efecto de distorsión o deformación de la forma geométrica original, lo cual es reforzado con un fondo que tiene una serie doble de bandas espirales anchas.
Esta ilusión es una prueba de que, aunque se observa con los ojos, quien capta la realidad es el cerebro.
Pese a que la imagen de un objeto se forma en la retina de cada ojo, al final, no se ven dos imágenes de un objeto, sino una sola.
El hecho de que no se tenga una visión doble se debe a un mecanismo extraordinario que hace posible que cada imagen viaje una vía visual hasta llegar al área del cerebro encargada de procesar la información.
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