Todo el tiempo para los demás, nada para uno mismo
Bici
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- Se trata de personas inseguras y con carencias afectivas gestadas en la historia familiar.
- Este exceso de bondad para con el otro los puede llevar a un desborde emocional.
Los especialistas suelen encontrar argumentaciones “psi” para explicar las conductas de quienes pasan buena parte de sus vidas ocupándose de los demás y se dedican escaso tiempo a ellos mismos. Atenciones, cuidados, regalos, consejos y oídos... todo suele ser para los otros. ¿Exceso de bondad, o “esquive” de los propios “rollos”?
s en relación con sus seres queridos y tienen cierta carencia afectiva. Y esto tiene que ver con la historia personal familiar de cada uno y con el lugar que ocupa en ella lo que va a trascender el ámbito hogareño para manifestarse en otros espacios”.
“A veces estoy demasiado pendiente de los demás: detecto cuando están mal y los acompaño, me preocupo y me duele lo que sienten como si lo estuviera pasando yo. Es parte de mi naturaleza, si no lo hiciera me sentiría mal”, expresó Valeria (23).
Pero ella misma definió su bondad como un arma de doble filo: “Al que contiene predominantemente se lo ve como el fuerte, como que nunca necesita ayuda y que todo lo puede. Y al que carga con esto le cuesta pedir ayuda y hacerse cargo de lo que siente. Como que en los demás es más fácil. Porque no hay nadie detrás del que contiene”.
Para Saslavsky una persona que se ocupa en demasía de los demás “se pierde como sujeto deseante para transformarse en objeto del otro”.
“El nunca se ocupa de él mismo. Entiendo que mi familia es un caos y se apoya entera en sus espaldas pero mi papá nunca supo hacerse un espacio propio. Uno lo ve hecho pelota y que sigue ocupándose de los demás y nunca de él mismo. Un día de estos explota”, contó Estefanía (24).
Lo cierto es que la solidaridad para con los demás tiene que tener un límite para poder tener deseos propios aunque conectarse con ellos angustie y movilice.
“Le dedico mi vida a los demás. Nunca hago nada para mí y cuando lo hago hasta siento intranquilidad. Tampoco sé qué hacer. A lo sumo me voy solo a tomar un café y fumar un cigarrillo. Ese es mi momento”, contó Daniel (51).
Para la especialista “hay que aceptar que el afecto no pasa por estar en ese lugar y que uno tiene fallas y debe de poder andar por la vida con ellas”. La salida “es la sublimación, ocuparse de uno. Hacer alguna actividad que de placer, artística, intelectual o algún deporte. El punto es hacer algo para ocuparse de no mismo y lograr tener deseos propios.
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