Un deporte extremo, que cada vez cautiva a más jóvenes y adultos
Según los expertos, el bungee jumping, instalado y realizado debidamente, es una actividad de bajo riesgo.
El bungee jumping (góming, bungy jumping o saut à l'élastique) consiste en hacer un salto al vacío desde un puente, plataforma o grúa, generalmente con una conexión desde los tobillos a una cuerda elástica, que permite, primero, caer acelerando, luego amortigua la caída y provoca rebotes.
Instalado y realizado debidamente, las aseguradoras reconocen que es una actividad de bajo riesgo, aunque la creencia generalizada es la contraria. Y es que los peligros efectivamente existen. A continuación, los más frecuentes, según pública el sitio Wikipedia.
Saltar mal. Es el mayor riesgo, pues para la mayoría de personas suele ser su primer salto, y el nerviosismo la lleva a actuar mal (o no se le han dado las necesarias y convenientes explicaciones de forma adecuada). Soltarse mal de la barandilla o de la estructura de la plataforma de salto, es una de ellas. Pero caer de pie es la más común.
Rozarse o ahorcarse con la goma. Se salta del mismo lado del puente del que cuelga la goma y, en caso de saltar desde la cesta que cuelga de una grúa o de una plataforma también se anda cerca del elástico durante la caída y durante los rebotes, salvo si se salta largo, con fuerza. Así, cabe la posibilidad de rozarse con la cuerda elástica durante la caída (riesgo que se puede evitar apartando el elástico en el momento del salto) o durante los rebotes (se puede evitar haciendo un salto largo o protegiéndose mientras se rebota, especialmente en el primer rebote). Hubo varios casos a nivel mundial de ahorcamientos al enrollarse la goma alrededor del cuello de quien saltaba.
Gruísta poco experto. Cuando el bungee jumping se realiza desde una grúa, el operario de la misma es el responsable del aterrizaje de quien salta, hasta que un auxiliar en tierra lo sujeta y lo pone de pie. Pero es frecuente que un técnico de grúa no habituado a los saltos, no tenga en cuenta la dimensión de los rebotes, con lo que saltador puede tocar suelo con la cabeza (cuelga de los pies) al acercarlo a tierra con poco cuidado.
Material inadecuado. Suele pasar con el material habitual en los Estados Unidos. Éste lleva una funda textil (de polipropileno, poliestireno o poliamida, habitualmente) que limita la elongación de la goma, a veces, muy bruscamente. Y, como fruto se producen tirones bruscos, desprendimientos de retina, rotura de capilares oculares, dolores en tobillos, problemas de osamenta, salidas de perneras. Con el material tipo neozelandés (únicamente compuesto por goma, entre los grilletes metálicos de los extremos) eso no pasa. Pero su riesgo es otro:
Que la goma estire excesivamente. Las consecuencias es que saltador toque suelo (con la cabeza), o, en caso de sobrar altura, ruptura de goma. Que la goma estire demasiado poco o rotura de la goma. Esto último es muy difícil, pues habitualmente se fuerza sólo entre un 6'5% y 25% de sus resistencia total a la tracción.
Saltar sin recibir permiso. Esto se suele deber a una falta de normas y explicaciones claras, por ejemplo el cuidado de duplicar los permisos necesarios para poder saltar. Y es asimismo peligroso permitir que alguien se coloque al borde del puente (o de la plataforma de salto) sin tener ya todo preparado o las debidas conexiones de seguridad provisionales (que se quitarán para saltar cuando ya todo esté ultimado).
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