La comparación es natural, y de tan naturalizada ya nadie entiende por qué se representa a los locos con la pose de Napoleón. Signo de la acérrima expresión de la parodia, la prensa logró unificar dos conceptos que, aunque las opiniones estén cruzadas, no tienen una unión racional. En el blog de Maikelnai se tomaron en serio esta broma y averiguaron cosas muy interesantes.
La costumbre tuvo su génesis en Europa y logró expandirse por todo occidente. Una de las primeras relaciones históricas que permiten comprender la unión entre ambas figuras es que el inicio del estudio de las enfermedades mentales coincidió con el apogeo napoleónico.
La popularidad de Napoleón hizo que el personaje se convirtiera en uno de los íconos más reconocidos de Europa, al mismo tiempo que se convertía en uno de los más parodiados. La prensa no dejó pasar tal oportunidad y comenzó a caricaturalizarlo como a un loco por sus delirios de grandeza.
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Las características físicas, como su baja estatura y la vestimenta típica acompañaron la génesis del ícono parodiado. “Para crear un cliché fácilmente reconocible, hace falta una persona sumamente famosa y con un gesto, ropaje, o característica física que le identifique de forma inequívoca”, ilustra el portal español Maikelnai
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