TURISMO SEXUAL MARPLATENSE
*Muchas parejas en busca de nuevas experiencias se juntan por la tarde en un hotel para intercambiar parejas y ...
Un lugar común en el periodismo veraniego es hacer alusión a las fantasías sexuales de los argentinos, pero preferentemente al comportamiento de los porteños en las playas y otras zonas de veraneo.
Existe una historia nunca difundida hasta ahora que muestra una tendencia muy común en ciertas ciudades del interior del país, respecto a fantasías y juegos sexuales entre personajes de clases pudientes. Si el caso reciente de Nora Dalmasso salió a luz, fue por la criminalidad con que finalizó un encuentro sexual y de paso aparecieron en escena los entretelones sobre fiestas e intercambios de parejas en una ciudad pequeña pero próspera de la Docta.
Pero la historia que relataremos a continuación comenzó en Mar del Plata, muchos inviernos atrás, hace aproximadamente una década (hay quienes dicen que lleva mucho más que diez años, aunque el detalle de la temporalidad de los inicios es un detalle absolutamente secundario).
El asunto es que un grupo de matrimonios y parejas formalmente constituidas, que al principio no sumaban mas de 10, todas pertenecientes a la clase media alta de la ciudad balnearia, decidieron comenzar un juego de intercambios de parejas que lo realizaban -generalmente- el primer fin de semana de cada mes.
Todos las parejas partícipes de este ágape sexual, se alojaban el sábado en un hotel 5 estrellas de la ciudad felíz, cada cual en su respectiva habitación.
En algún momento de la tarde, procedían a encontrarse en el lobby del hotel y se realizaba una especie de sorteo en el cual se imponían dos cláusulas:
1) El fixture no permitía que los componentes de una misma pareja pasasen el resto del fin de semana juntos;
2) Nadie podía saber qué pareja le había tocado en el sorteo al resto de los jugadores.
O sea: Nadie se acostaba con su pareja ni sabía con quienes se acostaban los demás. Después se procedía a ocupar las habitaciones cada cual con la pareja que le dictaminó el bolillero, pasaban la noche “a piaccere” y el domingo se encontraban nuevamente en el lobby, en una especie de té a las “five o´clock” previo a la despedida final.
Así se desarrolló el juego hasta que el rumor o alguna voz indiscreta hizo que otros habitantes de Mar del Plata se enterasen del secreto. Algunos nuevos players se integraron al grupo, pese a que los controles de admisión eran sumamente rigurosos, algo obvio para conservar algo de la discreción inicial.
Pero en las ciudades pequeñas los secretos no son sencillos de guardar por mucho tiempo, y el caso de los jueguitos matrimoniales de “la gente de dinero” fue la comidilla de los marplatenses, aunque no supieran con exactitud quienes integraban las “células” matrimoniales primigenias.
Cuando la actividad ya estaba siendo investigada por algunos periodistas enterados del asunto, las personas organizadoras desde el inicio del juego dieron un paso al costado… o mejor dicho, dieron varios pasos, concretamente hasta la Terminal de Omnibus. Decidieron buscar otra geografía más discreta en la cual desarrollar sus deseos. Y salieron de Mar del Plata rumbo a Buenos Aires, donde el cemento y el asfalto de la gran orbe le quitan identidad a las personas. Algo que buscaba esa gente: Discreción y privacidad.
Fin de la parte 1 / Próxima entrega / Sábado 17 de febrero.
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