Federico Mana
Federico Mana
La reciente publicidad de una marca de automóviles que invita a vivir en una sociedad donde sólo alcancen los puestos de poder quienes "lo merecen", nos abre una excelente oportunidad para reflexionar sobre un concepto que, por lo general, tomamos acríticamente.
Como muchos recordarán de sus clases de "Formación ética y ciudadana", la palabra "democracia" proviene de la conjunción de los vocablos griegos "demos" (pueblo) y "kratos" (gobierno), obteniendo como resultado que este concepto refiere al gobierno del pueblo. Así pues, por transferencia, podemos entender que "meritocracia" es un término que viene a postular "el gobierno de los que lo merecen".

Ahora bien, a partir de la publicidad que cierta marca de autos sacó a la luz en los últimos días, podemos decir que esta palabra ha sido puesta en boca de muchos quienes, sin reflexión previa, han aplaudido hasta el paroxismo la ideología plasmada " ingenuamente" en tal comercial.

¿De qué se trata esto? Pese a cometer una equivocación en el uso (ya que llama "meritocracia" más que a una forma de gobierno a las consecuencias de vida que deberían obtener ciertos sujetos), lo cierto es que la publicidad refiere a situaciones supuestamente cotidianas dónde sólo el esfuerzo individual es el medio para alcanzar el "éxito", omitiendo todo tipo de interacción con los otros y, por supuesto, cualquier acto de solidaridad.

No es casual que emerja esta publicidad en medio de la proliferación de un discurso que propone el libre mercado como ley y señala al subsidio y la colaboración estatal como pecados capitales. Pero, mas allá de análisis coyunturales ¿qué otra ideología puede leerse?

Claramente existe un llamamiento al aislacionismo y la competitividad entre pares donde los otros son enemigos salvo que se conviertan en escalones para alcanzar nuestras metas. De hecho, subvirtiendo las cosas y mostrando a quienes se esfuerzan (y tienen dinero) como los únicos perdedores, se hacen referencias a frases por demás pronunciadas tales como "que nadie te regale nada", bregando así por la creación de una falsa conciencia en donde uno sólo todo lo puede.

Por ello, podríamos remitirnos al mito griego y decir que esta idea que allí se propone fue el "pecado" de Ulises por el cual tuvo que pagar con años de travesía hasta llegar a su hogar en Ítaca. Según narra la Odisea, Ulises no fue capaz de ofrecer un sacrificio a los dioses antes de partir, ni tampoco reconocerle su ayuda en la victoria de Troya debido a que él fue quién ideó el ardid del caballo de madera que les dio el triunfo, por lo que en un rapto de soberbia decidió adjudicarse toda la responsabilidad, hecho que comenzó a despertar la ira de Poseidón, ira que sería reivindicada al asesinar Odiseo a su hijo, el cíclope Polifemo.

Palabras más palabras menos, a lo que nos puede llevar a pensar este mito es acerca de aquellas oportunidades en que tenemos éxito y creemos que sólo fue el resultado de nuestro obrar, olvidando que sin los otros nada somos capaces de lograr.

Podemos pues contraponer la ideología reinante en el término "meritocracia" con la filosofía del lituano Emmanuel Lévinas quien sostenía que la primera responsabilidad del ser humano es para con los otros porque somos gracias a los otros. La mirada del otro nos construye ¿o acaso los autos no se hacen estéticos para que los otros nos admiren? ¿Para qué se quiere tener éxito si no hay un otro que lo reconozca? ¿Quién pudo hacerse a sí mismo en absoluta soledad?

Así entonces encontramos que el concepto de "meritocracia" no sólo es peligroso porque nos convence que ese término esquivo e indefinible como "mérito" (¿que es merecer? ¿Quien tiene suficiente mérito para algo?) es el único parámetro para distinguir a los "buenos" de los "malos", sino que además lo es porque nos aísla y nos miente al ocultar la estrecha relación que tiene nuestro acto de ser con los otros que nos rodean, queramos verlo o no.

Claro que podría entenderse en principio la fuerza que posee una idea de tal magnitud como la que postula que sólo han de gobernar, que sólo han de triunfar aquellos que lo merecen ya sea por sus condiciones naturales, por el estrato social donde les tocó nacer o por las habilidades adquiridas con estudio y dedicación, sin embargo ¿acaso no es esto proponer una supervivencia del más fuerte? ¿No se genera por esta ideología la brecha entre incluidos y excluidos?

Quizá sea hora como sociedad de que le demos al mérito el lugar que le corresponda pero que eso no signifique darle un rol preponderante a fin de que este lo ocupe, al fin y al cabo, el respeto y el cuidado del otro, no porque lo merezca, si no simplemente por el hecho de que es y está ahí, ayudándonos aún cuando no lo desee a que nosotros también podamos ser.