El Fortín apostó al cambio... y también ganó

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A mitad de año, Vélez tuvo que cambiar la mayor parte de su equipo titular por la partida de varios jugadores. Sin embargo, salió adelante y terminó festejando.

Transición era una palabra prohibida. Allá por agosto, y pese a que mitad del equipo titular de Vélez se había ido del club, el presidente Miguel Calello no quería saber nada con ese término con el que varios clubes suelen justificar campañas que no terminan siendo como se planearon.

Y lo cierto es que tiempo, una vez más y como sucede cada vez más a menudo por Liniers, le terminó dando la razón a Calello y compañía.

Porque Vélez, ese equipo que tuvo puntos altos y bajos en este Torneo Inicial pero que nunca perdió la esencia, vuelve a mirar a todos desde arriba para dejar bien en claro (y por si todavía quedaba alguna duda) que los proyectos a largo plazo terminan dando sus frutos.

Lo cierto es que el panorama por Liniers no era para nada alentador hace escasos 4 meses. Tras finalizar 3° en el Clausura y luego de la decepción por quedar afuera de la Copa Libertadores ante Santos en los cuartos de final, varios fueron los jugadores que decidieron cerrar un ciclo y probar suerte en diferentes clubes de Argentina y el exterior.

Y lo cierto es que, al repasar el peso de los nombres salientes, el mérito por esta nueva consagración se agiganta aún más. Marcelo Barovero (River), Fernando Ortiz (Racing), Víctor Zapata (Independiente), Augusto Fernández (Celta de Vigo) y Juan Manuel Martínez (Corinthians) fueron los jugadores del once titular que dijeron adiós.

Además, Héctor Canteros (Villarreal), David Ramírez y Mauro Óbolo (Godoy Cruz) también emigraron, por lo que la conjunción entre recambio y éxito parecía cada vez más lejana para los de Liniers. Sin embargo, una vez más, la dirigencia fortinera pensó y decidió fríamente, confiando en las inferiores del club y gastando plata en refuerzos que realmente valgan la pena. Y vaya si lo lograron.

El arquero Sebastián Sosa, en conflicto y sin continuidad en Boca, fue el primero en llegar en reemplazo de Barovero, uno de los puntos más altos del Fortín en el último tiempo. Y si bien Ricardo Gareca le dio confianza a Germán Montoya, algunas flojas actuaciones del cordobés le sirvieron el arco al uruguayo, que se destacó con grandes actuaciones hasta el final del torneo.

El otro nombre apuntado es sin dudas el mayor acierto de la dirigencia: Facundo Ferreyra. Tras descender con Banfield, el juvenil necesitaba explotar su gran potencial en un equipo armado y con oficio. Y por eso Vélez terminó siendo su mejor opción, donde terminó de explotar y se transformó en una de las apariciones más rutilantes de los últimos tiempos en el fútbol argentino.

Pero además, el masivo éxodo le permitió a los jugadores del club y a los juveniles afianzarse en algunos casos y debutar en Primera en otros, lo que terminó dando como resultado una inmejorable conexión entre experiencia y juventud.

Fernando Tobio, Ariel Cabral, Francisco Cerro y Lucas Pratto fueron los jugadores que se afianzaron como titulares con rendimientos muy altos durante todo el torneo, mientras que Fabián Cubero, Emiliano Papa, Sebastián Domínguez y Federico Insúa le aportaron al plantel la siempre necesaria cuota de experiencia dentro del campo de juego.

Por último, varios fueron los pibes que hicieron sus primeras armas, entre los que se destacan Gino Peruzzi (además convocado a la Selección), Lucas Romero y Agustín Allione, quienes sorprendieron con un nivel superlativo cada vez que les tocó jugar y que seguramente serán pilares del plantel dentro del poco.

Así, con la fórmula de siempre, Vélez Sarsfield se quedó con su 9° título a nivel local y le puso un moño más a un club que hace ya largo rato es ejemplo en cuanto a lo deportivo y también a lo institucional, mientras el resto se pelea por hacer las cosas mal.

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