El miedo al retiro: ¿Juan Román Riquelme y Carlos Fayt le temen a la muerte?
Saber decir "basta" en el momento apropiado puede ser síntoma de un correcto conocimiento de sí mismo, de las propias capacidades para realizar determinadas actividades, a la vez que se reconoce que uno no es indispensable para que el mundo continúe adelante. No obstante, ya sea retirarse de la práctica profesional de un deporte, o jubilarse de cualquier otra actividad, este reconocimiento de la merma física y mental puede traer aparejada una profunda crisis existencial que nos pone frente a frente con nuestra propia filosofía de vida.
En muchas ocasiones el miedo a la muerte no sobreviene tanto por el hecho de desconocer qué es lo que nos ocurrirá una vez hayamos partido de este mundo, si no más bien por la vanidad de no poder concebir cómo es que todo continuará adelante sin nosotros. Este sentirse imprescindible para el ambiente que nos rodea también atenta a la hora de retirarse aún a riesgo de perjudicar a quienes nos rodean. Pero entonces, el hecho de admitir nuestra disminución ¿debe ser necesariamente un acto angustiante?
Tal vez sea inherente a nuestro crecimiento el hecho de angustiarnos por el tiempo que se nos agota y por lo que ya no podremos hacer, pero esto no significa que la vida se nos clausure en su totalidad. Un buen síntoma de sanidad mental es poder proyectar hacia el futuro en función de nuestras capacidades a sabiendas de nuestras virtudes y defectos y, en vez de enemistarnos con nuestras falencias, reconocerlas para que nuestros planes puedan ser alcanzados.
Si somos seres para la muerte nuestro futuro es limitado, pero esto no significa que no hemos de tenerlo. Anular el futuro es sinónimo de morir en vida y mientras sigamos teniendo proyectos, por más mínimos que parezcan, podemos encontrar el método infalible para continuar sintiéndonos vivos.
Por Federico Emmanuel Mana
Licenciado en Filosofía
[email protected]
Temas
Las Más Leídas







Dejá tu comentario