¿En qué quedamos Mangeri?
Una vez más aparecieron las contradicciones de Jorge Mangeri. Una vez más surgieron sus nuevas versiones, sus nuevos dichos.

Por Mauro Szeta
Durante gran parte de la instrucción, el portero acusado de matar a Ángeles Rawson, se encargó de señalar que las lesiones que tenía en su cuerpo -más de 30- eran consecuencia de aprietes policiales, picana, quemaduras.
Sin embargo, el 20 de noviembre de 2013, Mangeri sorprendió a propios y extraños, cuando declaró que parte de las lesiones se las había hecho en un accidente mientras hacía arreglos con clavitos y mientras pintaba.
Pero al declarar ante el Tribunal Oral 9, volvió a cambiar, y encendió la polémica otra vez. Dijo que su relato de los clavitos lo había inventado por pedido de sus ex defensores, que eran Marcelo Biondi y Miguel Pierri. También dijo que lo habían obligado a mentir para no incriminar más a la policía.
Rápidamente, los ex defensores tomaron el guante y respondieron al unísono: "Nosotros no le hicimos inventar nada. Lo de los clavitos lo dijo él por su cuenta. Nunca lo instruímos para que diga o deje de decir", afirmaron Biondi y Pierri, reconciliados para la ocasión.
Pero hubo más, en la indagatoria del juicio, Mangeri cambió otra vez su relato sobre cómo fue el primero de los aprietes policiales.
Siempre había dicho que el jueves previo a su detención, lo habían amenazado con armas desde un auto Polo, cuando había cruzado enfrente para baldear la vereda de otro edificio.
A ese relato siempre se lo cuestionó con el siguiente argumento. Si eso hubiese sido real, Mangeri tendría que haber sufrido el apriete delante de decenas de periodistas que, a esa hora, trabajaban en plena cobertura del caso.
Entonces, Mangeri reacomodó la situación y la ubicó más lejos, casi en la esquina de Santa Fe y Ravignani, y no enfrente.
Así las cosas, el relato de Mangeri no deja de sufrir alteraciones constantes. No es un dato menor, no poder sostener un relato lineal.
A pesar de estas idas y vueltas en su acto de defensa, lo que vale es la prueba para juzgarlo. Ahí ya sabemos. Si la defensa no derriba el ADN en su contra, ni el inicio de la causa, el portero va camino a una condena segura. Hasta su propio defensor lo admite, lo que no es poco.
Temas
Las Más Leídas






Dejá tu comentario