Augusto Batalla habló de la pelea silenciosa contra la depresión: "Tomaba vino para dormir"

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El arquero argentino abrió su historia más íntima y habló sin filtros sobre la depresión, las conductas autodestructivas y el proceso personal que atravesó.

Durante años, Augusto Batalla convivió con una carga emocional que pocas veces se ve desde afuera. Hoy, convertido en una de las figuras del Rayo Vallecano, el arquero decidió poner en palabras una etapa oscura de su vida y exponer, con crudeza y honestidad, el impacto que tuvo la depresión en su carrera y en su día a día.

En una entrevista íntima, el futbolista surgido en River relató cómo el peso de las expectativas, los errores deportivos y la presión del entorno lo llevaron a un estado de aislamiento profundo. “En mí, en mi persona, estaba totalmente deprimido, no tenía ganas de salir, no tenía ganas de ir a entrenar, no tenía ganas de relacionarme con nadie”, confesó Batalla, dejando en claro que el malestar no se limitaba al rendimiento deportivo.

Desde muy joven, el arquero había trazado objetivos ambiciosos que, con el paso del tiempo, sintió que no pudo cumplir. “Logré debutar, logré salir campeón, pero no logré sostenerme en el primer nivel como es River”, reconoció, marcando el inicio de un proceso interno de frustración y autocrítica constante.

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El impacto emocional de esa sensación de fracaso se trasladó rápidamente a otros planos. Batalla explicó cómo la falta de herramientas para gestionar sus emociones derivó en reacciones equivocadas, tanto dentro como fuera del campo. “Uno cuando es joven y no sabe administrar sus propias emociones, acciona y reacciona de mala manera”, relató, describiendo una espiral que fue minando su confianza y su bienestar personal.

La presión externa también jugó un papel determinante. El arquero habló del contexto del fútbol sudamericano y del escrutinio permanente al que están expuestos los jugadores de clubes grandes. “Esas maquinarias solo esperan rendimiento”, señaló, y admitió que ese clima amplificó su sufrimiento, ya que sentía que no había margen para el error ni tiempos de espera.

En el ámbito familiar, el proceso fue igual de complejo. Batalla contó cómo se fue encerrando en sí mismo, rechazando el acompañamiento de sus seres queridos. “Uno va formando un caparazón que piensa que lo va a defender y es todo lo contrario”, reflexionó, subrayando que el aislamiento solo profundizó el dolor.

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El punto de inflexión llegó cuando decidió buscar ayuda profesional. “Fui al psicólogo, sigo yendo al psicólogo”, afirmó con naturalidad, destacando el rol central que tuvo ese acompañamiento en su recuperación. Batalla fue contundente al derribar prejuicios: “No se sale solo”. Reconoció, además, conductas autodestructivas que marcaron esa etapa, como la dificultad para dormir y el consumo de alcohol para poder descansar: “Tenía veinte años y me tenía que tomar dos vasos de vino para irme a dormir”.

Hoy, con una mirada más madura, el arquero valora el camino recorrido. “Personalmente he crecido un montón”, concluyó, convencido de que hablar del tema y pedir ayuda no solo fue necesario, sino vital para volver a encontrarse consigo mismo.

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