El show antes de Mayweather: Naseem Hamed, el príncipe del boxeo
Nacido en Gran Bretaña pero con raíces yemeníes, fue un espectacular ex campeón de peso pluma que, al margen de su estético boxeo, enamoró a multitudes con su carisma y sus particulares ingresos al ring.
Pero el legado de Hamed excedió lo exclusivamente boxístico convirtiéndose en una estrella, una de las más excéntricas, excitantes y taquilleras de la historia. El Príncipe tenía una cantidad insondable de virtudes, un pegador poco ortodoxo con talento natural que encerraba un híbrido a veces indescifrable. Si debía bailar para mantener a su rival alejado, lo hacía con maestría. Si debía empaparse en el golpe por golpe, sus estiletes respondían. Su pelea frente a Kevin Kelley es considerada una de las mejores de la historia.
Hamed fue un boxeador de era, inolvidable, eterno pero no sólo por sus resultados en una hoja de ruta en la que figuran nombres como Wilfredo Vázquez y Cesar Soto. El carismático británico mantuvo un sello distintivo durante toda su carrera que lo hizo único: sus ingeniosos ingresos al ring, producciones que podrían haber sido de Hollywood trasladadas al deporte. Una de las más recordadas fue el 31 de octubre de 1998, en Halloween, cuando entró al ritmo de Thriller para enfrentar a Wayne Mccullough, a quien vencería en decisión unánime.
Durante su auge, muchos señalaban sus entradas al ring como artilugios para desequilibrar psicológicamente a sus rivales, que esperaban en el centro del ring hasta que Hamed decidiera, por fin, ingresar al cuadrilátero. Kelley, por ejemplo, perdió sus cabales.
El Príncipe ha tenido ingresos memorables, como la noche en la que entró en una alfombra voladora para enfrentar a Vuyani Bungu, su último gran show.
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