Fue madre, se recibió y este viernes vuelve a subirse al ring
"La vida me cambió totalmente, tuve que bajar 5.000 revoluciones y dejar de pensar sólo en mí". Yésica Bopp es mucho más que un deportista y por eso, consultada sobre cómo vivió estos dos años sin subirse a un ring, apeló a una frase sincera y profunda para reflejar lo que sintió desde que se enteró de que estaba embarazada hace 21 meses.
"Fue todo un proceso. Yo era muy activa, independiente, iba de acá para allá, y tuve que dejar de ser egoísta y entender de que llevaba una vida dentro mío y que dependía de mí. Ariadna fue lo mejor que me pasó en la vida, pero tuve que adaptarme...", cuenta la Tuti, que este viernes volverá a pelear en el Gimnasio Gatica de Villa Domínico ante Vanesa Taborda.
Será una velada singular porque, además de su pelea, debutará como profesional el marido de Bopp, Alejandro Silva.
"Será una noche especial porque estaremos los tres, nosotros arriba del ring y ella mirando desde abajo. Y todo este proceso fue igual, de a tres, nosotros entrenando juntos y ella sin dejarnos dormir", dice mientras se le escapa una carcajada.
"En lo solidario me metí con Weber Saint Gobain, empresa que es mi sponsor pero que además me privilegia ayudándome a ayudar. Me dio los materiales y mejoramos mucho dos escuelitas de boxeo, una en La Plata y otra en Concordia. En el futuro me gustaría tener mi propia fundación", confiesa.
"Me preparo para eso porque sé que no voy a boxear toda la vida. La carrera es corta y no quiero que, cuando me retire, no sepa qué hacer y tenga ese vacío que muchos llenan con adicciones", sentencia Bopp, que este viernes volverá a mostrar todo lo que sabe arriba del ring. Abajo ya lo dejó bien claro.
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