Murió Tulio Crespi, leyenda del automovilismo argentino y creador de más de mil autos de carrera
El histórico preparador y constructor falleció a los 88 años. Dejó un legado imborrable en el deporte motor que va desde la Fórmula Renault hasta el Salón de París y la mítica Tulieta.
El automovilismo argentino está de luto. Tulio Crespi, uno de los constructores y preparadores más emblemáticos de la historia del deporte motor nacional, murió a los 88 años según confirmó su propia familia. A lo largo de más de seis décadas de trabajo incansable, se convirtió en una referencia ineludible de los talleres, fabricando chasis, monopostos y autos de competición que marcaron a generaciones enteras de pilotos.
Su camino en las pistas arrancó en los años 60 como preparador, pero en 1963 dio el salto definitivo al construir su primer monoposto con motor NSU. Él mismo se puso al volante en el autódromo de Buenos Aires y logró la victoria en su debut, marcando el inicio de una carrera impresionante. Con el tiempo, su taller se transformó en la cuna de los famosos chasis Tulia y de incontables vehículos para categorías formativas.
Su huella es indisoluble de la Fórmula Renault Argentina, espacio donde sus creaciones reinaron durante décadas, aunque su firma también estuvo presente en el Turismo Carretera, el TC 2000, la Fórmula 2 Nacional y la Fórmula 3 Sudamericana. A lo largo de su trayectoria, el propio Crespi aseguró haber construido más de mil autos de carreras, trabajando codo a codo con figuras de la talla de Guillermo Ortelli y liderando su propia estructura en el TC 2000.
El reconocimiento a su talento cruzó las fronteras. En 1975, sus modelos Tulia GT y Tulieta desembarcaron en el prestigioso Salón del Automóvil de París, deslumbrando a la escena internacional. Además, dejó su sello en proyectos inolvidables como el legendario "Petiso-Torino" de Nasif Estéfano y, más recientemente, en la reproducción de los autos de Ayrton Senna para una serie biopic sobre el ídolo brasileño, trabajo que realizó junto a sus hijos.
Tras su partida, la familia difundió una emotiva carta que el propio creador dejó escrita con anticipación. En sus líneas, expresó su gratitud a familiares, mecánicos, proveedores y pilotos que compartieron el camino, definiéndose a sí mismo con la humildad que lo caracterizó hasta el último día: "un laburante del fierro".
La carta de Tulio Crespi que dejó escrita antes de morir
"Si están leyendo esto, es porque me tocó largar mi última carrera.
Quiero que sepan que me voy en paz, tranquilo, después de pelearla como pude con esta enfermedad que me tocó al final del camino. Pero no quiero que hablen de eso. No quiero que me recuerden por cómo me fui, sino por cómo viví.
Viví 88 años haciendo exactamente lo que amé. ¿Cuánta gente puede decir eso?
Nací prácticamente en Chacarita con un martillo en la mano. Fui creciendo, laburando, aprendiendo de los fierros, y con mucho sacrificio me fui a Balcarce a hacer mi vida y mi historia. Ahí construí todo lo que soñé de pibe.
Gracias.
Gracias a mi familia, que me bancó siempre. Que me perdonó las horas en el taller, la grasa en las manos, los domingos en el autódromo en vez de en casa. Sin ustedes, nada de lo que hice hubiera tenido sentido. Ustedes fueron mi verdadero campeonato.
Gracias a mi equipo de trabajo, a mis empleados y a mis proveedores, que juntos creamos las primeras piezas únicas de un auto de competición. Cada chasis, cada soldadura, cada pieza hecha a mano lleva el esfuerzo de todos. Nada lo hice solo.
Gracias a todos los pilotos que confiaron en mí. A los que se subieron a un Crespi sin saber si iban a llegar, pero con la ilusión intacta. Cada triunfo suyo fue mi triunfo.
Gracias al ambiente del automovilismo. A los mecánicos, a los chapistas, a los rivales que fueron amigos, a los que me enseñaron cuando yo no sabía nada y a los chicos que hoy venían a preguntar. Yo nunca me creí más que nadie. Fui un laburante del fierro, un artesano que tuvo la suerte de convertir su pasión en su trabajo.
No estén tristes por mí. Sigan haciendo ruido. Sigan armando autos en talleres chiquitos pensando que pueden ganarle a los grandes, porque yo pude y lo hice.
Dejo mi fábrica en manos de mis hijos para continuar mi legado. Queda todo ahí, para que siga girando.
Gracias por estos ochenta y ocho años de confianza. ¡Viva la vida, vamos que se puede!
Gracias, gracias, gracias".
Temas
Las Más Leídas







Dejá tu comentario