Ahora sí: después de ocho años, volvió River

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El título es mucho más que un trofeo más para el riquísimo palmarés del Millonario. Si lo aprovecha, podrá ser el primer paso para la refundación de un club que no recordaba que era sonreir.

Los afiches que aparecieron en las calles de la Argentina después del triunfo en el Superclásico frente a Boca parecieron ridículamente exagerados. Ni siquiera los propios hinchas apoyaron con unanimidad un cartel que aparentaba ser una burla del acérrimo rival más que un reconocimiento propio. Si el espíritu de River se fue con el descenso, un clásico frente al rival de siempre no era más que un placebo momentáneo. Con el título conquistado el hincha ahora si podrá decir orgulloso que volvió su viejo River.

El Millonario fue indiscutiblemente el mejor equipo del campeonato. Lejos de rememorar la Maquina de Labruna, fue un conjunto ordenado con un par de individualidades que le permitieron marcar diferencias en el ámbito local. Era injusto retribuirle el regreso espiritual a un River que apenas había derrotado a Boca en un Superclásico porque su estirpe es mucho más grande e imponente que un mero partido. La Banda fue campeón, regresará a la Copa Libertadores y tendrá la oportunidad de demostrar su status a lo largo y a lo ancho del continente americano.

Mucho tendrá que ver el retorno de Ramón Díaz, un hombre que cuando se sienta en el banco de suplentes del Monumental es indiscutible. Llegó a un equipo que todavía sufría los daños colaterales del descenso, fue subcampeón y ahora lo llevó al título.

Después del desmadre provocado por Daniel Passarella, la elección de Rodolfo D'Onofrio fue una renovación dirigencial que el Millonario necesitaba para sobrevivir en el mediano plazo. Primero cumplió con la promesa de repatriar a Fernando Cavenaghi, mantuvo al riojano como entrenador y ganó el campeonato en su primer semestre. Su elección tendrá mucho que ver con el retorno de River.

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