River, pasión que no se negocia

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Micaela Mora es periodista de minutouno.com, pero antes que eso es hincha de River. Su sentimiento en la previa del Superclásico.

“En la vida, un hombre puede cambiar de mujer, de partido político o de religión, pero no puede cambiar de equipo de fútbol”, esta frase de Eduardo Galeano es la que se me viene a la cabeza cuando veo y escucho que hablan de fútbol, pero también se presenta cuando nombran a River.

Muchas veces pensé: ¿Hasta dónde puede llegar el amor por tu club de fútbol? Todavía no tengo una respuesta. Es que al que le gusta este deporte, es capaz de hacer lo que sea con tal de que su equipo se consagre campeón, ¿no?, porque solamente el que lo vive y lo siente sabe lo que genera gritar un gol del club que amás.

Pero, para mí: ¿Qué significa ser hincha de River Plate?

Ser hincha de River es pasión, compromiso, fiesta. Es sentir esos colores y defender la camiseta igual o más que los que están dentro del campo de juego. Es ir a la cancha y alentar abajo del sol o la lluvia. Es bancar desde tu casa y sentir que estás ahí, rodeado de miles de personas que sienten y sufren esa banda roja que les cruza el alma igual que vos. Es entrar al estadio y que te den ganas de llorar, emocionarte por estar una vez más ahí, en tu segunda casa.

Yo soy Micaela Mora, tengo 22 años. La primera vez que me llevaron al famoso Estadio Monumental fue el 1 de agosto de 1999, despedida del gran Enzo Francescoli. Yo tenía apenas 9 meses, obviamente no recuerdo nada de ese día, pero si tengo una foto que me sacaron para poder saber que estuve ahí, que desde que tenía meses de vida mi corazón ya era rojo y blanco y que nunca más iba a poder cambiarlo.

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Despedida de Enzo Francescoli, 1 de agosto de 1999.

Despedida de Enzo Francescoli, 1 de agosto de 1999.

Pasó el tiempo, crecí y por unos añitos me perdí del mundo del fútbol. Hasta que cumplí siete u ocho años, no recuerdo con exactitud la edad, pero sí que salimos desde Don Torcuato con mi papá y unos amigos de él. Nos tomamos el tren Belgrano Norte y nos bajamos en Scalabrini Ortíz (hoy Ciudad Universitaria), caminamos por el conocido Puente Ángel Labruna y compramos las entradas.

Ese domingo, de mucho sol, fuimos a la tribuna Sívori alta, vimos el partido de la reserva y, más tarde, River jugó contra Argentinos Juniors y empatamos 2-2. Nunca más me olvidé de ese día, nunca más pude dejar de sentir lo que me pasó por el cuerpo esa tarde de cancha. Ahí, en ese momento, entendí que ese amor era el que yo elegía para siempre, era lo que iba a defender y a alentar con el correr del tiempo.

Y así fue, siempre el rojo y blanco estuvo presente en mi vida. En mi fiesta de 15, en la ropa que elegía, en mis tatuajes, y hasta en mis estudios. Terminé la secundaria y elegí seguir Periodismo Deportivo, decidir el lugar no fue complicado. Soy de River, amo el club y caminar por los pasillos, entonces no había mucho que pensar: iba a estudiar en el Centro de Estudios Terciarios River Plate.

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Lo que genera este club en el hincha no se explica, muchos te dicen: “River es amor”, “River es pasión”, pero todos coinciden en “River es familia”, y es así. Yo no sé cómo será en la vereda de enfrente, por ejemplo. Seguramente los hinchas de Boca dirán que es igual o mejor que los fanáticos “Millonarios”, pero yo no lo creo.

En la historia, el club pasó por momentos oscuros, dolorosos, tuvo que reinventarse, salir a flote. Llevó un tiempo, pero los hinchas ahí estuvieron, llorando, sufriendo, gritando y cantando por esos colores. Hasta que, 363 noches después, River volvió a ser River.

LA ALEGRÍA MÁS GRANDE A NIVEL DEPORTIVO

Llegó el gran Ramón Ángel Díaz, quien nos acomodó en este camino al éxito. Siguió Marcelo Daniel Gallardo, que nos dio la Copa Sudamericana, la Copa Libertadores, eliminando a nuestro máximo rival, Boca Juniors, entre otros títulos.

Pero, la alegría más grande que tuve, en lo personal, se dio el 9 de diciembre de 2018, en el Estadio Santiago Bernabeú. Ese día, me quedé en mi casa, miré el partido con muchos nervios. La noche anterior no había dormido bien, es que el fanatismo por este club es tan grande que ocupa gran parte de mi vida.

Boca abre el marcador, sentí bronca pero sabía que con esos jugadores y ese gran cuerpo técnico, todo podía pasar. Empieza el segundo tiempo, la tensión subía y la ansiedad comenzaba a entrar en partido. Gol de Lucas “Oso” Pratto, gritos, abrazos, alguna lágrima se escapaba.

Fin de los 90 minutos. Alargue. Gol de Juan Fernando Quintero. Más gritos, rompí en llanto y no lo creía, ¿era cierto? Sí, era realidad. Estábamos ganando una final de Copa Libertadores ante el clásico rival. Cuando creía que todo terminaba ahí, apareció él, apareció Gonzalo “Pity” Martínez para sentenciar esta maravillosa historia,

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Festejé como nunca antes lo había hecho, no lo podía creer. ¿Una final de Copa Libertadores ante Boca? Si, la ganamos con contundencia. Sentí que todo lo que habíamos pasado valía la pena.

Después de un tiempo, pensé: ¿Qué se sentirá ser hincha de Boca Juniors?, ¿será lindo? No, no lo creo. No me puedo imaginar la vida siendo hincha del club “Xeneize”, no me puedo imaginar con esos tristes colores. Son incontables la cantidad de veces que me dijeron: “Hacete de Boca, la vas a pasar mejor” y hoy en día: “Yo los veo y pobrecitos”, como declaró Ángel Comizzo alguna vez. Siempre que pienso en estas cosas llego a la misma conclusión: River es una pasión que no se negocia.